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Carta a un joven cacorro

Esta carta forma parte de una serie de respuestas de Julián Andrés Marsella Mahecha a la numerosa correspondencia que recibe  a diario de aspirantes al mundo del parnaso literario, cultural y académico.  

 

A Brandon que se llevó mis poemas y mis fresas con crema

Para  Brandon Arvey

 

Algunos dicen que marica es el que se deja encular
y otros, como yo, decimos que marica es el que encula y jamás será enculado;
pues un potente pene que entra a tu débil cola
implica la abstración de la valentía.
Y tú te llevaste mis poemas, mis fresas con crema para vender,

y me dejaste el hambre,
hambre de ti,
hambre de fresas

Hambre
¡Es intolerable y muy macho!

Me jodiste, Brandon Arvey
y ya no tengo a un Elkin que me auxilie
con puñaladas para tu abdomen duro
como tu penca

Ahora siento que hurtaste mi corazón
otrora corazón de piedra, corazón.

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Cuando Bradbury apareció en «Don Quijote de la Mancha»

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Los intentos por incorporar la ciencia ficción a la literatura canónica del idioma español comienzan a hacerse más regulares; hace unos años esto no era tan común y, si bien la literatura no se reduce a una carrera de caballos donde cada uno dice «Yo escribí esto mucho antes que la mayoría…» o «Yo leí ese libro hace diez años, cuando nadie lo conocía ni alababa…», sí es de reconocer el arrojo de Julio Coll   por haberse atrevido a unir a Bradbury con Cervantes en los setenta, en pleno auge de una literatura en español que apuntaba a otros objetivos. Además hizo una historia cuya ejecutoria recuerda mecanismos urdidos por Borges – quien había elogiado  «Crónicas Marcianas»-, poniendo en evidencia, hasta parodiarlas, las afinidades, gustos y ambivalencias de los más candorosos «cervantinos» que se dedican a quemar lo que no les satisface:

No sé si Bradbury estuvo o no en Filipinas;

ni si un chino exiliado le dibujó nunca un

tatuaje en su espalda; ni si dicho tatuaje re-

producía a escala, los ya famosos «canales».

Sólo sé que Ray Bradbury estuvo en Marte.

Esto me consta: ¿De donde, si no, habría

obtenido tanto material auténtico para sus

deliciosas y poéticas Crónicas marcianas…?

El tatuaje

Ray Bradbury denunció el robo de los originales de su famoso libro Crónicas marcianas, después del accidente que tuvo en su automóvil al perseguir lo que él creyó ser un OVNI. Rápidamente acudió a la Policía. Se interrogó a toodos los vecinos. A todos los amigos y enemigos del escritor. Los periodistas describieron el robo en son de burla, dando por supuesto que se trataba de una Venganza Extraterrestre. «Algún marciano-decían- sintiéndose aludido, determinó la ida a la Tierra; proyectó el aterrizaje en algún lugar cercano a la casa del escritor, y procedió al robo, previamente calculado con todo detalle. Luego, descargando las cuartillas en ese enorme crematorio que es el sol, los manuscritos ardieron a nivel de los 451 grados Fahrenheit.

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Pedro Sánchez Merlano, un día ante la genialidad literaria.

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Por: René Alvarado.

Pedro no tiene malos recuerdos porque su  desdicha es presente. Llego a su departamento en el barrio Veinte de Julio de Bogotá. Son las 12 del día pero en casa del escritor parecen las 12 de la noche. “Eso fueron esos hijueputas edificios que taparon la vista”, reniega Sánchez Merlano, señalando la ventana que se abre como la boca negra de un africano.

–       Hace mucho tiempo había mucha luz, pero ya ve, las cosas cambian.

Por hacerle un guiño literario le digo que el fútbol también muta y su amado América está en la B.

–       Y para siempre. Eso sí no volverá a cambiar. Es muy difícil recuperarse de la derrota. Y los americanos lo sabemos; no somos como esos hijueputicas de otros equipos y esos escritorzuchos que dicen que lo que más les gusta de este deporte es el sufrimiento. Como dice Irving Welsh, es muy fácil filosofar cuando la mierda está en las venas de los otros. ¡Ah épocas! Se acabó el cartel y todo se fue para el carajo. Antes me la pasaba oliendo perico y por eso escribía mucho, porque no dormía, ¿me entiende? Ahora que no hay cartel, eso se puso muy caro y muy feo y ahora no puedo sino meter bazuco, y eso me pone a dormir. Ya casi no escribo y ando inapetente, en todos los sentidos. Si no, pregúntele a mi mujer.

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