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El azor en el páramo, de Ted Hughes

El azor en el páramo, de Ted Hughes: antología poética de Bartleby Editores.

Por:  Manuel García Pérez

 @ManuelGarciaOri

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   No soy el más indicado para analizar la poesía de Ted Hughes, salvo que lo haga desde la incertidumbre que me ha causado la lectura de El azor en el páramo, en Bartleby Editores. Quisiera felicitar la tarea ingente que habrá supuesto la traducción de este autor a Xoán Abeleira, cuyas introducción, además, es extraordinariamente reveladora para percatarnos de la complejidad de un poeta como Hughes que concibe la escritura lejos  de lo puramente literario.

  Cuando indagamos en su concepción de la existencia, la poesía de Hughes reproduce una serie de microcosmos a partir de los que reflexiona sobre aquellos aspectos de la existencia que ninguna religión ni orden filosófico pueden explicar con concreción. Lo poético en realidad predomina más allá del puro formalismo de figuras y ritmos: “Mi sangre ociosa se hiela/ Al ver cómo la alondra se esfuerza en llegar a su nibe/Escalando con dificultad/ En medio de una pesadilla/ Ascendiendo la nada (…)” (pág. 173).

   Siendo Hughes un poeta que define gran parte de su universo personal desde referentes concretos, el mundo real es su asidero para la expresión un descarnado lirismo, lleno de sugerencias fatales sobre el destino de los hombres. El caos, el azar y la belleza como un enmascaramiento para no reconocer la crudeza del destino predominan en esta poesía. Ahora bien, como señala el propio Abeleira en su espléndido estudio introductorio, la violencia no es el tema de la poesía de Hugues, sino la amoralidad, la predestinación, la irreparable evolución de un mundo natural que, con nosotros y sin nosotros, encuentra en la germinación y en la muerte su forma de supervivencia futura. La que le ha valido para existir desde el caos.

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El Apocalipsis según Cioran

En las cimas

En las cimas

 

Este texto lo escribió un tierno Emil Cioran a los 22 años, y lo publicó junto a otra colección de escritos en un libro que tituló: «En las cimas de la desesperación». Comentaba que este libro fue una suerte de liberación, tanto de la filosofía como de la idea de suicidio, pues empezaba a percibir cabalmente la absoluta inanidad de todo.

APOCALIPSIS

¡Cuánto me gustaría que todas las personas ocupadas o investidas de  una misión, hombres y mujeres, jóvenes y viejos, seres superficiales o serios, alegres o tristes, abandonasen un buen día sus tareas, renunciando a  todo deber u obligación y saliesen a pasear a la calle cesando toda actividad!  Todos esos imbéciles que trabajan sin motivo o se complacen en su  contribución al bien de la humanidad, ajetreándose —víctimas de la ilusión  más funesta— para las generaciones futuras, se vengarían entonces de la mediocridad de una vida nula y estéril, de ese absurdo derroche de energía  tan ajeno al progreso espiritual. ¡Cómo saborearía yo esos instantes en los  que ya nadie se dejaría embaucar por un ideal ni seducir por ninguna de las  satisfacciones que ofrece la vida, esos momentos en los que toda resignación sería ilusoria, en los que los límites de una vida normal estallarían definitivamente! Todos aquellos que sufren en silencio, sin  atreverse a expresar su amargura mediante el mínimo suspiro, gritarían entonces formando un coro siniestro cuyos clamores horrendos harían  temblar la Tierra entera. Read More…

Rompiente, de Jorie Graham (Reseña)

rompiente

Reseña por:  Manuel García Pérez

 @ManuelGarciaOri

La múltiple revelación de significados que puede asumir la realidad observable emerge en la poesía de Rompiente, de Jorie Graham (publicado por  Bartleby Editores en edición bilingüe). La complejidad de mundos ínfimos que la autora norteamericana recrea a partir de un pensamiento configura un proceso de evocación  donde las percepciones sinestésicas elaboran una estructura fractal, de continua ramificación, que prospera desde ese objeto único, de ese referente-origen como motivación de una serie de estructuras de gran diversidad: “(…) millas de alambre de espino, duplicadas, las de debajo (de agua) temblando, las pequeñas pupilas fijas de los postes dirigidas cada cincuenta pies al cielo, destellando, estremecidas réplicas, espinas de hierba roídas por el enfermo ojo humano, (…)” (pág. 37).

 Lo Universal es consecuencia de lo nimio, de la esencia, de lo primigenio y al contrario, cada acción corriente influye en la causalidad del cosmos, determina su evolución silenciosa en lo inmediato, y así, en la poesía de Graham, no hay posibilidad de cierre; toda palabra es origen de un fenómeno de mayor trascendencia que emociona y nos sumerge en otra realidad, simbólica, acaso la más verdadera, la que posibilita la supervivencia del lenguaje en cuanto que la cosa es nombrada, la que resiste a los cambios y para la que no somos más que meros contempladores: “(…) reverberación, sílabas intranscriptibles, ad-herencias, y cómo es el asombro lo que mana de nosotros cuando, en el bucle, en lo más bajo de la cadena alimenticia, surgido de corrientes submarinas y 1 grado más calientee, el indispensable plancton es empujado al norte, y más al norte todavía, desovando muy tarde para la eclosión de la larva del bacalao, así que la cría no sobrevivirá, (…)” (pág. 21).

  El autor de la traducción y del prólogo de esta edición, Rubén Martín, profundiza en esta tesis: “Asimismo, su visión de la naturaleza, omnipresente en estos textos, evita los lugares comunes, o mejor dicho los erosiona, los fractura. La naturaleza de Graham hereda las concepciones de “lo sublime” romántico pasándolas por los filtros del darwinismo, la teoría del caos o el concepto de rizoma de Deleuze y Guattari. Se trata de dicotómicas del pensamiento; a veces hermosa y multicolor hasta saturar los sentidos, a veces oscura, abigarrada e incontenible: (…)” (pág. 9). No se trata de definir la poesía de Graham desde un culturalismo sólido y explícito. Su poesía no es solamente un síntoma de la modernidad, de su actualidad y afinidad a la proyección de la Ciencia, sino también una forma de indagar en la profunda esencia que se aloja en el objeto, como si la autora fuese ese científico a la búsqueda de otra paradoja sobre la que averiguar, más allá de la cosa, más allá del símbolo, lejos del consenso, inspirándose en la constante destrucción y creación a la que nos somete la naturaleza: “Otoño profundo y se produce el fallo, el ciruelo florece, doce flores en tres ramas distintas, lo que para nosotros, cada uno, implica que no habrá ninguna flor la primavera próxima, o ninguna tal vez en esas mismas ramas, en las que ahora mismo aterriza, de pronto, un ave migratoria gris dorada -¿sigue aquí?-multiplicando, crujiendo el aire erróneo, brincando de rama en rama, luego quieta -detenida- exhalando en este oxígeno que también se apodera de mi ardua mirada, (…)” (pág. 25).

  La rima dentro del verso, el significativo uso de la aliteración y la enumeración para  dotar al contenido de esa sensación de fractura y elipsis predominan en la escritura de Jorie Graham y que la traducción de Rubén Martín conserva. Porque lo extraordinario en esta poesía es su continua sensación de caos, pero sobre el que se rige un rigor, un orden dentro de esa deriva, y cuyo enmascaramiento es la propia forma de la realidad que prende en las imágenes. La palabra es una forma en sí misma que arraiga en el poema como un fragmento de lo que existe y que, tras su expresión sintáctica, tenderá a expandirse, a proyectarse como un poderoso flujo de imágenes, cuya consistencia depende de su reversibilidad, de su regreso al lugar de origen, a la nimiedad, a la anécdota, al reducto donde la materia que comprende el Universo ha sido agitada, vibrante, para ser luego inabarcable finalmente: “ Calor del verano, su primera madrugada. Cómo baja de tono el grito -humano- articulado como dos palabras del obrero a pie de calle que coloca la gran viga en la cadena mientras llama al que maneja la polea en la séptima planta. Una llamada. ¡Se escuchan! A la perfección. Mientras el calor seco, las hojas ya crecidas, adensan lo inmediato,  el asfalto caliente, y ocurre la pausa en el crecimiento, (…)” (pág. 49).

La masturbación como camino al caos

Sada

La masturbación es un evento fantástico; cuando aparece en los relatos  pretensión realista, los matiza con la insinuación de lo imposible y su asimiento. A continuación, un extracto de la novela «Casi nunca» de Daniel Sada que bien puede ser un microcuento:

Demetrio se masturbó con delicia al compás de la música. Tras sentir el semen entre sus dedos cobró forma una frase mascullada casi por desgaste: Me estoy volviendo un caos.

Casi nunca, p. 52. Ed Anagrama

El pequeño caos, un cortometraje de Rainer Werner Fassbinder

Me conforta todo lo que duele

Henry de Montherlant

El pequeño caos (1967), es un cortometraje dirigido y escrito por el cineasta aleman Rainer Werner Fassbinder (en el que también actúa).

Theo, Marite y Franz son un grupo de vendedores fracasados incapaces de vender revistas puerta a puerta. Así que Franz les propone cometer un robo: «Por una vez me gustaría ver una película de delincuentes con final feliz».