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Adiós a Miquel Barceló, difusor incansable de la ciencia ficción

Disentir con gente como Barceló es una delicia el problema es que con el tiempo, cuando por inercia te vas volviendo más inteligente y culto, lo que terminas por disentir con gente como Barceló es màs bien poco.

Luis Cermeño- Noviembre 20, 2017

 

 

Otro gran español que se nos va: Miquel Barceló (el escritor – tiene un homónimo pintor que es muy bueno). Su (Nueva) Guía de lectura de Ciencia Ficción siempre fue un referente mío, tanto en clases como asesorías, aunque no es por nada académico y tal vez por eso mismo, porque yo tampoco lo soy y ponerlos a estudiar latas como Suvin o Jameson era poner a parir demasiado a mis estudiantes. Son brillantes sus aclaraciones que muchos profanos tienen respecto ciencia y Ficción o la diferencia de ficción con ciencia y Ciencia Ficción. Además de un humor espléndido. Uno de los que Más contribuyó con el género dirigiendo la colección NOVA de ciencia ficción y  a través del premio UPC . Ingeniero aeroespacial que decía que quien tradujo al español Star Wars como Guerra de las Galaxias era un imbécil. Siempre pensé que algún día lo conocería y que incluso podríamos ser amigos aunque pensáramos distinto en algunos detalles…

 

 

Les comparto una conferencia, que en su día publiqué a través de este portal y que también puse como referencia en mis clases de ciencia ficción; en ese entonces escribí:

(Para Barceló…) no nos encontramos ante la duplicidad de culturas que se opusieron durante mucho tiempo (letras y ciencias) sino que hay infinitas culturas y, por tanto, infinitas ignorancias debido a la especialización del conocimiento contemporáneo. Para él, la ciencia ficción puede ser un puente entre esas culturas; entiende, además, que el arte es un intento distinto de comunicar complejidades con respecto a la ciencia pero ello no significa que se excluyan.  milinviernos.org

 

 

Para terminar, les comparto esta lista de 1990 de los libros para que  lectores perezosos se acercaran al género:

 

 

 

Adiós a un maestro de maestros de la ciencia ficción: Miquel Barceló. Muchas gracias por tus aportes al género en español.

 

 

Isaac Asimov en contra de la duda del conocimiento

Asimilinvi

Si no se hubiera muerto, hoy se estaría celebrando el cumpleaños número 93 del escritor y divulgador científico Isaac Asimov. Nacido en 1920 en la villa de Petrovichi, emigró a los Estados Unidos a la edad de los 3 años, en donde se matriculó posteriormente en la Universidad de Columbia primero para estudiar Zoología y luego cambiar a Química. Tras recibir su PhD en Bioquímica se vinculó a la Universidad de Boston, en donde ejerció de profesor. Pero el recuerdo que dejó está más relacionado con su labor de autor, en los campos de divulgación científica y ciencia ficción, aunque también incursionó en otros géneros como el misterio, y la crítica literaria.   La frenética actividad de Asimov lo sitúa dentro de uno de los escritores más prolíficos, dejando un legado de más de 500 libros y 90.000 cartas, por lo que podría decirse que Asimov escribía como cosaco, lo que por otra parte, no dejó de ocasionarle problemas domésticos con su mujer Janet Jeppson; sin embargo Asimov fue fiel a sus votos de matrimonio y conservó su pacto con Dios al no separarse de ella, por más que su dulce Janet le recriminara su ejercicio de soñador de ficciones científicas.  Esto no le amargó el humor a Isaac quien siempre mantuvo un tono dicharachero con sus colegas escritores de ciencia ficción, carácter que quedó registrado en la posteridad en todas las breves introducciones que hacía a los relatos de sus amigos en las antologías de los Premios Hugo.

Para celebrar su natalicio queremos compartir el ensayo «La relatividad del Error» de Isaac Asimov. Este surgió a partir de una respuesta que hizo un licenciado de Literatura Inglesa  a propósito de un artículo de Asimov sobre el avance del conocimiento científico.  En esta respuesta, el joven especialista en Literatura Inglesa instaba al escritor de ciencia ficción a asumir una actitud en la que toda consideración sobre el conocimiento científico debería estar errada, por evidencia histórica en la cual los datos científicos de la antigüedad se habían probado como falsos. La respuesta de Asimov es totalmente deslumbrante, en la que, además, pone en entredicho esta idea de que la ciencia antigua estaba totalmente errada; puesto que para el autor no se puede incurrir en absolutos de falsedad o verdad a la hora de hablar de teorías científicas.

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Los robots ya no son lo que solían ser.

Tomado del flick de vladeb http://www.flickr.com/photos/28122162@N04/ (CC BY-ND 2.0)

La figura mítica del robot  ocasionalmente remonta a  una idea de  desarrollo técnico, junto a la sofisticación de una intricada ciencia, que como resultado produce un artificio tan complejo que podría compararse al ser humano o superarlo en sus potencialidades. Esta imagen  puede generar una impresión aséptica (tanto física como moral) de los robots -como el video de Björk, All is full of love

No obstante, ocurre que muchas veces nuestras creaciones comparten más nuestros rasgos humanos defectuosos que aquellas virtudes que tanto desearíamos legar a las futuras naciones humanas.

En el mismo instante en que la palabra Robot nace, según la anécdota, se encuentra presente la condición circunstancial de los actos humanos.  Casi por unanimidad, se le atribuye el término a Karel Kapec, quien lo introdujo en la obra R.U.R. Sin embargo, alguna gente considera que el verdadero creador del famoso neologismo, se trata más bien del pintor  Josef Kapec, hermano de Karel, en un cuento anterior a R.U.R. Y aquí es donde el propio Karel, en un remoto artículo, explica el origen de la palabra reconociendo en una gran medida la deuda con su hermano Josef para su concepción:

Una referencia para el diccionario Oxford, del profesor Chuboda, que explica el origen de la palabra Robot y su introducción en el idioma inglés, me recuerda una vieja deuda. El autor de la obra R.U.R no inventó, de hecho, esta palabra; él solo condujo su existencia. Fue así: la idea de la obra apareció en un momento desprevenido. Y mientras todavía la idea estaba fresca fue corriendo a donde su hermano, el pintor, que se encontraba detrás de un caballete y pintando con los óleos hasta hacerlos crujir. «Escucha, Josef» el autor dijo, «creo que tengo una idea para la obra.» «¿Qué idea?», el pintor balbuceó (realmente balbuceo porque en ese momento tenía un pincel en la boca). El autor le contó tan rápido como pudo. «Entonces escríbela», contestó el pintor, sin quitarse el pincel de la boca ni parar el trabajo con los óleos. La indiferencia era más bien insultante. «Pero…» el escritor dijo, «aún no sé cómo llamar a esos trabajadores artificiales. Podría llamarlos Labori, pero eso me suena anquilosado.» «Entonces llámalos Robots (Robota significa Trabajo en checo)» el pintor farfulló, con el pincel en la boca y concentrado en su pintura. Y así es como fue. Así fue como la palabra Robot nació; demos este reconocimiento a su verdadero creador.

(Tomado de: Karel Kapec website. Trad, propia)

Atrás quedó el pasado de la arrogada seguridad en el funcionamiento ideal del autómata frente a la naturaleza humana, siempre sometida al influjo sus pasiones e incertidumbres. Se trataba una época en la que incluso se podía confiar el destino de la humanidad a una máquina con un nivel de complejidad mayor que no tenía que atenerse a las imperfecciones de la psicología ni la antropología. Los robots eran los aliados de la humanidad, incluso estaban programados para asegurar la preservación que la propia idiotez de los humanos impedía. Estas funciones eran las que elevaban a los más complejos grados de computo a los robots: «Y sometió su mente a las más altas funciones del mundo de los robots: la solución de problemas de juicio y ética» (Yo, Robot. Isaac Asimov)

Contrario a esta elucubración, toda inteligencia y elevado honor de las abstracciones científicas, que perseguía Asimov en sus utopías robóticas de mediados de siglo XX, encontramos en el año 1963 una propuesta de robot por parte de Jim Henson, posterior creador de la exitosa serie Muppets, para una compañía de teléfonos:

Es claro que el robot de Jim Henson no podría vivir más de un segundo en el universo de Asimov. Se trata de un autómata grotesco y bruto. Un pedazo de lata que disfruta emanando gases como un vulgar camionero ebrio y que parecer divertirse por haber perdido sus funciones reguladoras.

Otra impresión frecuente que inspiran los robots es el de una posible insubordinación contra su creador. Este miedo, precisamente, se puede considerar uno de los pilares del nacimiento del género de la ciencia ficción, cuando de la literatura de horror y fantástica se pasó de un miedo irracional hacia las criaturas exóticas al temor racional y natural por seres que podrían ser construidos por el propio hombre para su destrucción.  Si la definición de monstruo es «lo que excede al hombre» (Sarchman, Ingrid) el robot es por antonomasia el monstruo del siglo XX.

Es bien sabido que el miedo engendra odio, y que el miedo es un impulso natural hacia lo desconocido. Este miedo es característico de las sociedades humanas y, no obstante, el nivel de desarrollo de las sociedades se mide precisamente cuando estas logran superar las aversiones para dar cabida a la tolerancia y las diferencias.

El siguiente video, realizado por estudiantes, revela lo que es característico de las sociedades humanas, segregar al diferente y prejuzgar al otro por su condición:

No Robots from YungHan Chang on Vimeo.

No nos preguntaremos por la calidad ética de los robots en este corto, como bien lo podríamos hacer desde el universo de Asimov; no tendría cabida esa pregunta.

Si la robótica aún parece exclusiva de las agencias espaciales y los laboratorios de tecnología avanzada, la industria de los electrodomésticos está llevando a cabo una agenda por conquistar el futuro de las casas con robots facilitadores de oficio, como los soñaron Hanna y Barbera en los supersónicos.

Una vez el robot se ha instalado en la casa, es natural que sus funciones se acoplen al ritmo de vida hogareño. Y, como se viene insistiendo desde hace varios años, lo regular en la sociedad actual son las familias disfuncionales.  Así es que el robot doméstico terminará para volverse «disfuncional» y adquiendo una serie de patologías que definen la cultura en la que se ha instalado.

Este es el fin. Por lo menos para el universo robótico de Asimov.

Hackers parauniversales

¿Te ha pasado alguna vez que estás frente a alguien, o que observas a alguien, y al siguiente instante desaparece entre la multitud como por arte de magia? ¿Que, sin explicártelo, aparece alguien desde un lugar que es como si saliera de la nada? Piensas que fue una falla de tu atención pero sinceramente no te lo crees porque sabes que tu atención siempre estuvo allí. Son descuidos de la mente, piensas, pero sabes que son formas que tienes de mentirte a ti mismo, al no querer indagar sobre lo que a todas luces es un fenómeno muy extraño. La mente es perezosa y prefiere no proseguir en lo que sabe le costaría mucho, tal vez más de lo que está dispuesta a admitir. O tal vez razonas, como en la novela de Isaac Asimov, Los Propios Dioses,  cuando el Doctor Bronovski le contesta al Doctor Lamont: “Una insolubilidad no es un problema.

Al igual que los alquimistas se pueden considerar los padres ilegítimos de ciencias como la química y la botánica, también ciertas prácticas de la brujería se podrían considerar maestras de la física y la informática; saberes que son apenas las puntas del iceberg de una nueva ciencia a punto de florecer: el diseño y programación de realidades. En el cuento Los sueños de la casa de la bruja de H.P. Lovecraft, un estudiante aficionado a las matemáticas descubre a través de sus ignominiosas investigaciones una nueva geometría que le permite tener acceso a ciertos ángulos inexplorados de la realidad. Esta recreación literaria de Lovecraft podría estar sugiriendo algo mucho más profundo, esto es, que muchísima gente a nivel empírico ha logrado un conocimiento sanctasanctórum de los abismos más grotescos de las dimensiones.

 «No hubiera podido decir lo que esperaba encontrar allí, pero sabía que deseaba estar en aquel edificio donde alguna circunstancia había dado, más o menos repentinamente, a una vulgar anciana del siglo xvii, un atisbo de profundidades matemáticas tal vez más atrevidas que las más modernas elucubraciones de Planck, Heisenberg, Einstein y de Sitter.» Lovecraft

Si es verdad, como Phillip K. Dick afirmaba, que «Vivimos en una realidad programada por computador, y la única pista que tenemos de esto es cuando cambia alguna variable» , podría existir gente capaz de manipular estas variables y, a través de arcanos saberes, habría podido tener acceso y modificar lo que sería el código informático de la realidad. Estos serían los hackers dimensionales que, al igual que sus contrapartes en la informática, tendrían la capacidad de crear túneles, generar distorsiones, desarrollar virus y sacar provecho de la información que se considera legítima de este mundo.

Hoy les podemos llamar Hackers paradimensionales. En otro tiempo se les llamó ángeles o demonios. También han sido denominados extraterrestres – cuando podrían ser algo mucho más terrible: extrauniversales-. Hubo quien llamó a Dante Alighieri “un viajero del tiempo”; pues una de las genialidades de la Commedia radica en que excede los límites del tiempo del poeta. Otro compañero de viajes temporales, muchos siglos después, fue Arthur Rimbaud que, con dos libros de adolescencia, “Iluminaciones” y “Una temporada en el Infierno”, superó a todos los poetas de su generación, adelantándose a su época, para abandonarlo todo años más tarde, dedicándose a la trata de esclavos en el África.

 Prueba este experimento: en medio de una agitada multitud, fíjate en algún individuo, puede tener aspecto desagradable, incluso peligroso, en un segundo estará fumando un cigarro, al siguiente estará comiendo algo desde su gorra, al tercero te observará y en un parpadeo desaparecerá para siempre. Ese sujeto pudo haber sido Elias, el profeta; Ahasverus, el errante; Rimbaud, Alighieri, Verne, Saint Exúperi, Adán o Philip Dick. Ellos están acechando las proximidades del mundo: son las voces que acompasan  el carnaval de los fabulosos freaks que abandonan el pueblo.