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Sinopsis de un espacio, sobre Puntos de Fuga de Illich Castillo.

Puntos de fuga de Ilich Castillo: sinopsis de un espacio

 por Ana Rosa Valdez*

placa reseña

Placa Conmemorativa Puntos de Fuga

En los escenarios dispersos y engañosos de la Historia, habitan relatos del pasado que no son falsos ni verdaderos y que, sin embargo, iluminan el presente de forma legítima. Toda ucronía o historia paralela es un guiño hacia el ahora que intenta decirnos “¿qué hubiera ocurrido si…?”, y en este ejercicio deja en suspenso cualquier intento de veracidad, o autenticidad, para afincarse en un escenario imaginario en donde otra realidad se hace posible. Para fabricar ucronías, Ilich Castillo recurre al sueño, esa sustancia informe que contiene, potencialmente, la imaginación de lo infinito. Sus ucronías son sucesos en minúscula que abren cortes en la línea imposible del tiempo para interpelar las memorias de acontecimientos pequeños, si cabe el término, es decir no confrontan los grandes relatos del pasado, ni las historias oficiales del mundo, sino que se enfocan en develar, o construir el valor que tienen los hechos “intrascendentes” (que por lo general no se reflejan en las escrituras permanentes de la Historia).

En su trabajo, la obra Puntos de fuga constituye un segundo momento en un proceso de investigación artística que inició con el video Test: ángel exterminador, en el cual se muestra una deriva en la Casa Juan X. Marcos, ubicada en las calles Malecón y Junín de la ciudad de Guayaquil (antiguo sector del comercio cacaotero) y a un grupo de niños formados en paredón frente a una cámara de video. Pero también surge de una conversación con el artista acerca de cómo nos relacionamos con los espacios que habitamos, de los cuales somos momentáneos(as) dueños(as), y a través de qué procedimientos podemos recorrerlos en la conjetura del presente.

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Dalí piensa positivo porque está vivo

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Salvador Dalí sólo se desorientó con el exceso nasal del inglés de  los concursantes; él abría sus ojitos y miraba al presentador que, acercándose a su oído, le repetía lo dicho. Entonces Dalí, en su magnificencia, contestaba a los interrogantes con un sí, como uno de esos androides de juguete que, entre los basureros, suelen contestar, con movimientos de cabeza,  los aullidos de los coyotes iridiscentes bajo la vía láctea. En este programa de entretenimiento llamado «What´s my line?» se sabe que a Salvador, como a cualquiera de su estirpe, sólo le basta una palabra muy corta para revelarse y desplegar sus alas de ángel exterminador: Sí.