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Una narración corta de Al-Razi

Al Razi

Al-Razi fue un médico y pensador del mundo islámico del siglo X que se caracterizó, en su pensamiento, por apartarse del dogma religioso imperante y encumbrar a la razón como muchos siglos después lo hicieron en Europa, aunque en su caso no terminó falleciendo Dios sino que él la ha entregado al hombre para que este no sucumba a las supercherías y, quizá, a la mismísima fe. En «El libro de la medicina espiritual» (del cual ya mostramos un fragmento sobre  el coito que pueden leer acá), en el capítulo segundo, al referirse al sufrimiento y al placer, aparece la siguiente narración corta que hoy les presentamos:

Me ha llegado la noticia de que hubo un rey de alma grande, al que se le mencionó en cierta ocasión el paraíso y la gran felicidad y eternidad que allí reina. Entonces dijo: «Esta felicidad se me enturbia y me resulta amarga al pensar que yo quedo rebajado de aquel al que se le hace un favor o un bien».

Tomado de «La conducta virtuosa del filósofo», traducido por Emilio Tornero, Editorial Trotta, P. 34.

Sobre el coito, un diagnóstico de Al-Razi

Colofón-Libro_de_Medicina_de_Razi

Al- Razi fue un médico y pensador brotado en el esplendor árabe-islámicodel siglo X; sus posturas filosóficas no fueron tomadas de la mejor manera por el islam. Avicena, por citar un ejemplo, solía defenestrarlo y burlarse de él diciendo que mejor habría hecho si se hubiese dedicado con exclusividad a estudiar los excrementos y la orina. En este capítulo que a continuación les presentamos, el 15 de «El libro de la medicina espiritual», se ocupa de algunos efluvios y fatalidades biológicas propias del coito, ese enemigo de los ansiosos y los ángeles en Gomorra:

Sobre el coito

También es esta una de las afecciones malas a las que invita y lleva la pasión y la preferencia por el placer, acarreando al que la padece diversas desgracias y graves enfermedades, ya que debilita la vista, arruina y consume el cuerpo, precipita la vejez, la decadencia y la decrepitud, daña el cerebro y los nervios, y hace decrecer y disminuir las fuerzas, junto a otras muchas enfermedades cuya mención sería larga.

Su ansiedad es fuerte, como la de los otros placeres, y más aún cuando se piensa que su placer excede a los otros.

La frecuencia del coito ensancha los conductos por donde va el semen, afluyendo mucha sangre por ellos. Así, se aumenta la producción de semen y se incrementa por ello el deseo, redoblándose la pasión.

Por el contrario, la menos frecuencia y la abstención conserva la humedad básica del cuerpo, particularmente en la substancia de los miembros. De este modo, el período del crecimiento y del desarrollo se alarga y se retarda el envejecimiento, la consunción, la decadencia y la decrepitud. Los conductos del semen, al no llevar materia alguna, se estrechan. La producción de semen disminuye, se debilita la erección, se encoge el pene, se rebaja el deseo y desaparece su intensa comezón y exigencia.

Por ello debe el hombre inteligente dominarse, abstenerse y combatir esto para no verse incitado y azuzado hacia ello y no llegar a una situación difícil en la que ya no pueda apartarse ni abstenerse.

Asimismo, debe reflexionar y repasar lo que hemos comentado de domeñar y refrenar sus pasiones, especialmente lo que hemos mencionado en el capítulo sobre la gula, a propósito de la segura molestia, sofoco, comezón en incitación a conseguir lo deseado y a llegar al colmo de lo que es posible, ya que este aspecto está más confirmado y es más evidente en el placer al que se llega en el coito que en los restantes placeres, por la superioridad sobre aquéllos con que se le imagina.

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