Como una hormiga dormida/ en las telarañas de Praga. Reseña de «La revolución de terciopelo»

Por Leandro Alva

 

LA REVOLUCIÓN DE TERCIOPELO,  de Juan Pablo Bertazza

(Edulp, 2017) – Ilustraciones: PEI-HSIN CHEN

 

Antes que nada, debo decir que este libro acierta justo en el centro de mi nostalgia y de mi sensiblería. La ciudad de Praga ha sido una de mis obsesiones desde el año 2001, cuando pisé sus calles por primera vez. Luego tendría la fortuna de vivir y estudiar en ella. Y supongo que mi reacción no fue muy diferente a la de Juan Pablo Bertazza. Solo que yo no pude poner en palabras esa geografía que me cambió el destino sino hasta mucho tiempo después de aquella visita inaugural.

Síndrome de Stendhal (o de Florencia). Así fue bautizada una “patología psicosomática” que supone una suerte de anonadamiento ante la omnipresencia del desborde estético (algunos lo llaman estrés del viajero, pero a mi me gustan más las otras denominaciones). Años después de mi primer viaje a la ciudad dorada supe que, tal vez, yo había experimentado algo parecido. Esa belleza insalubre que nombra Bertazza en uno de sus poemas no me deja mentir.

Antes hablé de desborde estético, de grandilocuencia, y eso es justamente lo que el autor no se permite. Los poemas son económicos, medidos. En ocasiones, apenas trazos impresionistas afiladísimos que recuerdan la austeridad oriental del haiku. Y esto, según mi parecer, constituye un gran logro porque ante esa exuberancia monumental que ofrece el paisaje praguense, el poeta responde con una brevedad y una concisión monolítica que acaso funciona como un exorcismo, un antídoto a tanto desparramo de esplendores.

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Bird Box, la antípoda analgésica a They Live

(Esta es una reseña a una película de Sandra Bullock que no ganará un premio Simón Bolívar)

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 Nunca había visto una película tan anti- They Live como Bird Box. Así mismo, nunca me había sentido tan identificado con el bando enemigo: los locos soñadores que veían la belleza en la oscuridad del ente y que deseaban que otros «vieran» así esto condujera al suicidio de la gente «normal».

En el análisis de  Zizek a  They Live habla de la «lucha por la ideología» cuando Nada lucha con su amigo afro para que éste se ponga los lentes para ver la realidad reptiliana. Este violento enfrentamiento se debe precisamente porque, en palabras del filósofo, la libertad es algo doloroso. Es precisamente de lo que se trata Bird Box, de evitar a toda costa este dolor de desprenderse de una ideología  y la negación de  la libertad es lo que gana.

La reticencia por vivir sin ver, el miedo a enfrentarse a esa oscuridad que entristecía demasiado.

¿Por qué a los locos no les afectaban estas mismas visiones que a las personas comunes? La clave está en Gary, el loco infiltrado en la casa. En el momento de parto, se instala en el estudio, pone música clásica y pinta cuadros de entidades lovecraftianas (parecidas a las de Stranger Things), las que presumiblemente son las que llevan a la gente a la locura. Luego desea compartir esta verdad con el mundo. Al momento de enfrentarse con Douglas (John Malkovich) le dice: ustedes acostumbraban a encerrar a gente como yo, ahora es nuestro turno. Toda una declaración de principios contra la sociedad de control y vigilancia.

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Los dibujos de Gary (más allá de la alusión obvia al universo de Stranger Things) me recordaron a mis garabatos de adolescente. 

Y luego su deseo porque los bebés vieran. ¿Por qué en la película nunca muestran qué sucedería si los bebés, seres sin ideología, pudieran ver? El error del loquito Gary fue poner a ver gente poco competente. Estos se mataban. ¿Por qué? Porque habían perdido en ese futuro posible una experiencia que los artistas conocen bastante bien, y por lo general se conoce como el síndrome de Stendhal, lo cual significa la «dolorosa contemplación de la belleza».

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Los humanos se matan en esta distopía no por la maldad inherente en lo que veían, sino por la perdida de esta experiencia; la verdad era «demasiado bella y los ponía muy tristes»: Lo mismo que una buena obra de arte, o incluso un atardecer genera en una persona hipersensible. La persona que por primera vez ve el mar y se llena los ojos de lágrimas ante la inmensidad y hermosura oceánica. Quien ve la curvatura de la Tierra por primera vez. El que observa la cara de su hijo. Son personas que saben que la belleza es desgarradora.

Pero el artista sobrevive la experiencia desgarradora de la belleza todos los días de su vida, es su material de trabajo; lo mismo el loco. El loco que tradicionalmente es la persona que contempla al sol con el ojo desnudo. Podríamos pensar en la sociedad futurista de Bird Box como una sociedad que, para contener la tristeza y el dolor, al mismo tiempo contiene la belleza y por esto la gente es ajena a este sobrecogimiento e ignorante de esta pasión, se ve excedida y opta por el suicidio.

¿Y por qué entonces esta entidad-experienciastendhal no es una belleza iluminadora y alegre? Podría ser, en un Universo más cándido. Pero son muchos los artistas, a lo largo de este siglo, que han encontrado existe un camino en la oscuridad y la tristeza que conduce a la más extrema belleza. En palabras de Philip K. Dick (a quien imagino como uno de esos locos terroristas que luchan porque la gente viera):

EL ABSOLUTO SUFRIMIENTO GUÍA -ES UN MEDIO PARA- LA ABSOLUTA BELLEZA (Exegesis) 

P-k-Dick

Te quitaré esa venda que tienes como ilusión de realidad. 

Una sociedad analgésica definitivamente hará lo posible por no llegar a esta absoluta belleza, y es lo que la película de la Bullock nos enseña.

Feliz día de la imbecilidad #sciencefictionday

 (Columnista invitado: William Pichapluma)

Son tres líneas las de la ciencia ficción, a saber:

  1. ¿Merecemos que los gorilas y las computadoras nos exterminen?: Sí.
  2. ¿Que los huracanes sean cósmicos y los videojuegos el subterfugio de un aburrimiento prolongado?:  También
  3. ¿Es la vida un sueño real o la conspiración de una megacorporación farmacéutica que controla los viajes por el tiempo?: Absolutamente.

Dejémonos de quisquillosidades: Fray Luis de Granada es el último bastión del futuro. El resto es nostalgia vestida con aparatos atrevidos de obsolescencia programada. Ya lo ven, es el 2019 y Los Angeles no son en lo absoluto como la ciudad del 2019 en Blade Runner. Pensando en las posibilidades de lo real caímos en años de monotonía y ahora desaparecemos como autores de ciencia ficción que nadie extraña.

Es hora del retiro a los leprocomios donde se teja el futuro del profeta Daniel.

¿Qué le dijo un rebelde del Congo a un activista del Sillicon Valley?

 — ¿Le lleno la olleta de leche o el pecho de plomo?

El activista de cerebro de silicona respondió:

— Antes llenaré tus venas de mercurio.

Y los babuinos festejaron tirándose desde un barranco, puesto que el día de la ciencia ficción perfilaba de una manera monstruosa y vulgar. Entonces las Inteligencias Artificiales convergieron en un solo mapa estelar dibujando la figura del rostro de Miguel Ángel Asturias en su edad madura. Decidieron, por fin, emular a Dios para  fabricar nuevos trabajos y días y dioses más pasajeros que las narrativas distópicas que devienen sueños infantiles de pasados insulsos.

La batalla de los mundos ha empezado pues. El mundo real de Regina 11 y el mundo de ficción que nos vendieron y nosotros, como buenos imbéciles que somos, tragamos como si fuera sangüchito de mantequilla de maní.

 

Sobre mamadas y currambas 2017- 2018 #memes

 

Después de la tormenta de perder el dominio .com nos constituimos como una organización dedicada al mame. El año pasado intentaron silenciarnos pero el poder de la providencia de la ternura nos ha permitido volver, y ahora con más fortaleza que nunca. Por eso, desde hace un año, nos engalanamos como milinviernos.org Deseamos, en un principio, trasladarnos a milinviernos triple x, pero los costos eran altísimos para esta aventura de ternura. Empero, nos aprestamos a compartir con los respetados lectores, la producción memísticas de estos dos años que ha seguido siendo constante y masiva como las depresiones que nos acechan todos los días al levantarnos de la cama, ya sin las erecciones de los tiempos de juventud sino con la flacidez que otorgan tantos divorcios.

 

Es hora pues de advertir que estamos más cerca del ancianato que del jardín infantil,  y por tanto, saber que el olor a pañal volverá a nuestras vidas con mayor importancia y furia. Esperamos que disfruten este repaso y así tener la claridad de que todos los años estarán más llenos de desgracias pero al tiempo más sensatez como para que eso importe.

Y saber que este pequeño no tiene huevitas

 

 

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La ciencia hecha por los negros: una relación del descubrimiento de un antídoto en la expedición botánica

En «The Lola Verga´s big band» reiteramos el patronato de José María Vergara y Vergara en las letras nacionales y su irradiación en nuestra escritura. Esto lo confirmamos en una de las malhadadas presentaciones del libro: una mujer nos recalcó el carácter falocéntrico de nuestro libelo – claro está, aún no lo había leído pero quien nos invitó a la charla ha degustado ponernos frente a un grupo de lectores de Vila-Matas o Aira, que aplican teorías de género y desconstrucciones del sujeto burgués a cualquier texto/discurso para así convertirnos en los primates objeto de risa, reprobación e, incluso, inconformidad-.

A pesar de la repetición obvia que reflota en el apellido de este padre de las letras de Colombia  (¿será una fatalidad del parnaso de la poesía y prosa del país?), recordamos a don José María porque, en su Historia sobre la literatura en la Nueva Granada, hay atrevimientos que llamarían la atención a doctondos versados en lecturas de Paul de Man o Mignolo: en su último capítulo, por ejemplo, se ocupa de transcribir cantares llaneros, coplas del altiplano cundiboyacense y canciones del pacífico.

Además, se atrevió a realizar una explicación que trascendiera la mera erección de héroes  de los movimientos independentistas; abordó las políticas educativas que se dictaban desde la corona, la influencia de la iglesia y los escritos hechos en los siglos anteriores a las refriegas que condujeron al final del imperio español y el nacimiento de las repúblicas sudamericanas. Tan categórico como sus apellidos,  es el análisis que hace del origen de la la familia Caro: se retrotrae a dinastías romanas de egregios poetas para explicar el talento que habitaba las plaquetas de esa estirpe, es uno de los monumentos más notables al lameculismo que ha campeado por estos lugares.

También citó un escrito de Francisco Javier Matiz, uno de los pintores de la expedición botánica. En el mismo se expone la manera en que se descubrió un antídoto para el veneno de las serpientes: un negro, de quien sólo se sabe el nombre (Pío), tuvo la claridad de encontrar indicios en la naturaleza.  Después, La Historia le adjudicó toda esta desaforada empresa a la perspectiva moderna que trajo Mutis, con lo que se ha obviado uno de los conflictos de los que se pueden valer futuros tesistas para continuar trabajando en investigaciones que problematicen las categorías hechas al otro lado del atlántico.

A continuación, el texto de Matiz:

En la ciudad de Mariquita, en el año 1788, se hizo el descubrimiento del guaco por Francisco Javier Matiz, por haber hallado al negro Pío, esclavo de don José armero, con una culebra viva en las manos, y haberle preguntado dónde la había cogido.

Dijo que a la venida de la hacienda de su amo.

-¿A que te adivino, le dije, las contras que usas?

-¿A que quizá, contestó, sabrá su merced?

Díjele que usaría del bejuco curare.

Contestó que sí.

-¿De la necha?- Que sí.

– ¿De la fruta del burro?- Que sí-

– ¿Y fuera de esas usarías otras?

A lo mejor me contestó: hace poco descubrí otra que me parece es mejor que las nombradas.

Y sacando del bolsillo una hoja, me la mostró, y refiriéndome cómo había sido el descubrimiento, dijo:

Que estando desherbando unas yucas en la hacienda de su amo, vino una águila que nombran guaco, y se paró en un árbol: que estuvo cantando guacó guacó…. Y qye luego se dejó caer entre el bosque; y oyéndole dar aletazos, le causó curiosidad de ir a ver qué eran dichos aletazos, y vio al águila en acción de coger la culebra, la cual se le prendió, y en el instante levantó el vuelo, y se fue. El negro la siguió para ver dónde iría a caer, y vio que a la ceja del bosque se sentó y vomió de las ojoas del bejuco guaco, y retrocedió en busca de la culebra, y la halló en el mismo sitio, y la cogió y se la llevó a comércela a  otra parte; que fue el negro y reconoció de las hojas que había comudo, y reflexionó: cuando este animal ha comido de este bejuco, buena contra será.

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La llama{ra}da del Festival de Artes y Lectura de Saravena 2018

Unas voces extrañas están comentando.
¿Qué están diciendo?
Cosas que no puedo entender,
está demasiado cerca para acomodarse
El calor se ha salido de las manos.
 
Cruel Summer. Bananarama.
Llegamos alrededor del mediodía, jugando de locales, como escritores de la región, en el mismo vuelo, sentados en la misma fila, Álvaro Cristancho Toscano y yo.
¿Saravena tiene escritores? A pesar de su corta edad como municipio establecido en 1976, es una de las ciudades más célebres de la región araucana, no solo por sus hechos violentos, sino por el impulso comercial y urbanístico  o mejor expresado por el cantor de Arauca, Juan Farfán:
El municipio más joven y el que más ha progresado Y el más famoso en la historia de los pueblos Colombianos. 
La cultura en Saravena es una explosión natural de bailarines de joropo, músicos, artistas y ¿quién lo iba a pensar? hasta escritores. Escritores que muchos en Saravena incluso desconocían  pero que siempre se sintieron amarrados a sus raíces, ya sea por lazos familiares, de amistad o sencillamente porque el cordón umbilical jala más fuerte y no hace olvidar el azul de su cielo a quien abrió los ojos en su lontananza. Estos escritores fueron invitados al festival de Arte y Lectura de  Saravena para presentarnos, en palabras de Rafael Martínez Arteaga (El cazador novato), como los hijos de la llanura.
Llanura, yo soy tu hijo, trátame como mi madre.
Junto a otros escritores nacionales, teníamos programadas unas interesantes actividades que involucraban sobre todo al público escolar pero en la que podía participar cualquier persona interesada en perderse en los moriches de la imaginación.

Algunos asistentes febriles:

En la tarde me dediqué a descansar y leer el relato «Mariguaneando» de Umberto Amaya Luzardo, escritor nacido literalmente en una rivera del Arauca Vibrador, así que más alma llanera no puede tener. Mientras leía esta historia de drogas comía uno de los suculentos salchipapas típicos de la región, que le ganan a los que Gaston Acurio recomienda en Lima.  Del relato solo puedo decir que me hizo sentir el alma primorosa del cristal al reconocer una literatura tan cercana a la mía de una persona que está por todos lados conectada conmigo.

Con mis tíos escritores locos en el parque de Saravena. Como decía Piglia: la vocación literaria es algo que se hereda de tíos a sobrinos.

Más tarde nos encontramos finalmente en el parque central, como si se tratara de una predestinación de fabuladores de las mil y una noches sarareñas que están por contar.  Después de tomar unos buenos shots de esperanza, nos encontramos a la responsable de toda esta locura, una señorita del Santander llamada Tatiana Muñoz Pardo, y fuimos con ella a disfrutar de las suculentas empanadas de un primo mío que alguna vez ostentó el prestigioso título de ser el hombre más gordo de la región araucana. Debo decir que estaba obnubilado con lo que Polo Montañez llamó alguna vez «un montón de estrellas».

 

En la noche soñé que mi abuelita todavía estaba allí, durmiendo junto a mí,  y al amanecer recordé la vez que encontramos casquillos de bala frente a la ventana. Era la época de la violencia más absurda. Entendía, siendo tan pequeño, que estas balas pudieron cruzar las paredes y alcanzarnos. Pero ya no estaba ella, solo estaba el sueño que yo había tenido de ella y me sentí demasiado conmovido como para no anhelar ya una de esas balas. Pero el día convidaba a celebrar la cultura, el afán de promover la lectura y el propósito de brindar esperanza a estas nuevas generaciones que veían en nosotros una alternativa de vida construida a partir de palabras e imaginación. No podía retener más a mi nona a través de la pena y lo mejor que podía hacer era levantar la cabeza y elogiar ese llano tan hermoso que la había creado y que ella había ayudado a transformar, a través de todos esos niños que la adoptaron también como su abuela, y por la que aún hoy es llamada Mamá Chava por las calles luminosas de todo el pueblo.
En el día tuve la oportunidad de conocer dos escritoras invitadas al encuentro, que también tenían programadas actividades a lo largo de la jornada:  Judith Arévalo y Beatriz Vanegas Athías. Allí también me encontré a un nuevo amigo, Nelson Pérez, que recientemente publicó el libro de cuentos Espirales Rotas, una colección de relatos con sabor criollo pero también con la espontaneidad de la nueva generación de araucanos, que encuentran gratificación en el recuerdo de un partido de fútbol y sus primeras novias, sin dejar de lado la conciencia y crítica social del duro contexto en que se encuentran.  Pérez se ha dedicado a promover talleres literarios esperando que de allí salgan nuevas máquinas de escribir que narren más allá de él.

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LA VIDA GANA. Crónica de Umberto Amaya Luzardo

 

LA VIDA GANA

(Crónica)

 

Umberto Amaya Luzardo*

 Cronista de Indias, 525 años después

 

Fotografía cortesía de Will Sánchez S. ©

 

Habrá llegado la hora
Cuando en mi devastado país,
la primavera decida que ya es tiempo de florecer de nuevo,
tendrá el abono de la osamenta humana,
que dispersó por todos lados la danza de la muerte.
Entonces, toda la cruda historia:
la sitiada, la oral, la clandestina,
se erigirá sobre el mapa.
Habrá llegado la hora
de aproximar a la tierra el corazón y el oído,
 para escuchar las voces,
que hemos estado evocando,
contra cualquier ley de olvido.
 
Francisco Morales S.

Perdimos el honor: Presento estos fragmentos de lo ocurrido en los pueblos de Arauca, con el propósito de que lo irracional de la guerra no quede en el olvido, mucho más cuando afecta a los niños, que no son otra cosa que el mayor bien comunal de toda la humanidad que anda en dos patas. Lo absurdo de la guerra es que se pierde el honor, quiere decir esto, que con tal de derrotar al enemigo, olvidamos esa cualidad moral que lleva al respeto de los derechos humanos y al cumplimiento de los propios deberes respecto al prójimo y a uno mismo. Hoy quisiera, como dice Alexandra Alekseivich: “Escribir una crónica sobre la guerra, que provocara náuseas, que lograra que la sola idea de la guerra diera asco. Que pareciera cosa de locos. Que hiciera vomitar a los generales, porque la guerra es un asesinato”.

Arauca Zona Roja: “Ni se le ocurra ir por allá, porque allá es muy peligroso y a los mismos policías que mandan, los mandan de puro castigo”. Repiten a diario en todo el país y los araucanos llevan ese estigma sobre la cabeza como si fuera un enorme sombrero pelo e guama, bien caro, bien pesado y bien caliente. Saravena, fue considerado como el municipio más violento del mundo, es posible que Tame, en esa época, ocupara el segundo lugar y Arauca capital, el tercero. Tres ciudades pequeñas con apenas setenta mil habitantes y un promedio de siete homicidios diarios cada una. Siete homicidios diarios por trescientos sesenta y cinco días que tiene el año son dos mil cuatrocientas cincuenta y cinco muertes violentas. Solo para dar un ejemplo, al comienzo del nuevo milenio Tame, gozaba con setenta mil habitantes, mataron dos mil doscientos (seis diarios en promedio) huyeron ocho mil y al finalizar el año tenía sesenta mil cristianos contando los recién bautizados, porque en medio de la guerra la gente hace el amor, cocina, manda sus niños a la escuela y va a misa.

Sarabomba: Le decíamos a Saravena con cariño, porque a todo momento y en todas partes un artefacto explosivo hacía su detonación. Lo común eran cilindros bombas lanzados desde rampas artesanales con tan mala puntería que la mayoría de ellos caían lejos de los objetivos. Entonces, se escuchaba el ruido de las pipetas en el aeropuerto, en el cuartel de la policía, en los hoteles y en el comercio. Pero una explosión que reventó en uno de los tantos terminales de taxis, como en el cuadro de Picasso “Guernica”, creó una lluvia de restos humanos, restos de animales y de objetos cubriendo el piso del parque donde jugaban los niños a la hora del recreo. Cayó un brazo, más allá una pierna, una cabeza de un adulto con su bigote de pobre bien delineado, un gato, un ventilador, los trozos de un escritorio, la pantalla de un computador y un casar de palomas que anidaban en el techo cayeron muertas y sus plumas blancas como la paz, suspendidas en el aire, se alejaban empujadas por la brisa.

El día del grado: A los cuatro años había terminado el pre-escolar, había ensayado un baile de joropo con una compañera para presentarlo al momento de la clausura y a las ocho de la mañana caminaba agarrado de la mano de su papá, con su capa y su birrete rumbo al colegio para recibir el diploma. Una moto paró a su lado y el parrillero le disparó al papá tres veces, dos en la cara, otra en el pecho, el hombre cayó boca arriba y el niño viendo a su papá tendido en el piso, se le acaballó en el estómago, lo agarró de los hombros pretendiendo sentarlo mientras con la mayor ingenuidad le decía: “Párese papacito, párese que usted no está muerto, párese papacito, que usted tiene que ir a mi grado”.

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Academia del insomnio. Por Leandro Alva

 

 

A Rolando Pérez

 

Hace años viví unos meses en un departamento que daba a la calle Combate de los pozos, justo detrás del Congreso. Era un dos ambientes de una amiga que trabajaba largos períodos en el exterior. Yo me encargaba de la limpieza y el mantenimiento, de pagar los impuestos y otras tareas propias de un amo de casa.

Siempre sufrí de insomnio. Y esa época no fue la excepción. Muy a menudo, aprovechando que estaba en pleno centro y que, sea la hora que sea, siempre hay algo para hacer, salía de vagancia por la ciudad. Llegaba del trabajo rondando la medianoche y a veces lo iba a escuchar a Dolina cuando transmitía su programa desde el auditorio del Hotel Bauen. Generalmente, al finalizar aquellas dos horas en el éter, me metía un rato en La Academia, ahí en Callao casi Corrientes, a tomar un café y a escribir o leer un poco hasta que sentía la lenta invasión del sueño.

Mientras me entregaba a mis “veleidades intelectuales nocturnas” por el bar desfilaban personajes de lo más variopinto. Desde vendedores y chicos que pedían monedas a cambio de estampitas hasta algún artista que recién terminaba su rutina en el teatro. No faltaban los consabidos jugadores de pool que se desafiaban para darle rosca a una partida en las mesas que están al fondo del local.

A mí me gustaba sentarme cerca de las ventanas para ver pasar a la gente. Mientras leía o escribía, el rabillo de mi ojo detectaba cualquier situación peculiar más allá del vidrio. Soy un fisgón. Lo confieso.

Tal vez por eso, la noche que entraron ellos me quedé atónito. Ciertamente conformaban una pareja inusual. Uno grandote, de impecable traje cruzado y abigarrada corbata de seda; el otro, un enano que vestía un equipo de gimnasia adidas y unos mocasines que de tan gastados ya estaban naranjas. Este último, el pequeñín, iba peinado a la gomina y portaba una especie de maletín celeste.

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Los robots no solo nos humillarán en el campo de batalla también en la pista de baile

 

 

 

No me considero una persona de citas, pero hay sentencias completas que se me vienen automáticamente a la cabeza como un cachiporrazo ante ciertos estímulos; y al ver hoy a este robot moviendo ese culo no orgánico recordé las palabras de Nikola Tesla:

Vivirás para ver en el futuro  horrores hechos por el hombre más allá de tu comprensión.

Y es que los Boston Dynamics, fabricantes de los robots fascistoides perros  de guerra, no contentos con desarrollar estas bestias artificiales de pura fuerza ahora se regodean en su destreza técnica poniéndolos a bailar sabroso la música del acusado wannabe de negro latino Bruno Mars.

Al nuevo bestiario de drones parlanchines, robozuelas sidosas e inteligencias artificiales que tratan de meterle mano al bolsillo, se agrega una nueva entidad insoportable: el robot funky.

Y aunque no soy persona de citas, esta es otra razón para que se me venga automáticamente a la cabeza como un cachiporrazo la frase del profesor Farnsworth:

 

No quiero vivir más en este planeta.

 

 

El clon de Borges: una novela de Campo Ricardo Burgos

La máquina de hacer Georgies

El millonario Miguel Ospino, fanboy de Borges, decide clonarlo. Su labor de crianza de ese nuevo genio, es tan minuciosa que lo deja sumergirse en el idioma porteño que luego enriquecerá la lengua literaria de ese duplicado del afamado escritor argenito para así construir nuevos escritos desde el aislamiento de una hacienda de Villa de Leyva (Colombia).

El Georgie clonado ocupará sus días en la lectura y la escritura de modo tal que saldrán nuevas novelas y ensayos e, incluso, versiones y variantes de los escritos que el Borges original hizo. Este aislamiento de una criatura tan inviable como el clon, semeja a la novela con el tinglado de la isla del doctor Moureau.

La historia comienza cuando a Saker, un académico que estudia con un entusiasmo que limita con la obsecuencia  la literatura del autor de Historia universal de la infamia, lo contacta un empleado del millonario para llevarlo a ese lugar que habita ese monstruo de las letras que continúa con lo hecho por el Jorge Luis que nació a fines del siglo XIX.

La clonación de Borges instituye la figura de un Pierre Menard que trasciende el ámbito de lo establecido como literario: el duplicado de Georgie no es invidente ni se involucra con una mujer de izquierdas que hace constar la impotencia, el complejo edípico y el terror del más celebrado autor del siglo XX que no ganó el nobel.

El clon de Georgie no implica que sea él mismo. La sugerencia de que esta criatura escriba en lugar de dedicarse al tejo o sembrar olivas en los campos de Villa de Leyva, implica una perspectiva no determinista de los genes; es necesario un ambiente que, cruzado con las potencialidades biológicas, permita la aparición de un monstruo de las letras y, por lo tanto, se construye un mundo en el cual la noción de libertad entra en tensión con la del destino glorioso.

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