“No seduce todo lo que se revela”. A propósito de El diario De la Riva. Por Daniel Maldonado

 

Son legión los escritores que incurrieron –que siguen incurriendo– en la manía de registrar sus acaeceres más o menos cotidianos. Figuras como Pavese, Woolf, Piglia o Pitol no sólo escribieron diarios, esas bitácoras en las que consignaron aquello que se les antojaba pertinente, sino que hicieron de esa variante intimista de la narración un ejemplo preclaro de la experimentación formal.

Es en esta especie de naturaleza bicéfala del diario (testimonio puntual de lo experimentado regularmente al tiempo que laboratorio en el que es rasgo constante el juego con formas narrativas diversas) en donde podría descansar, también, su condición de interrogante. ¿Cómo narrar, cómo dar cuenta de aquello que, quizá por valioso o por pretendidamente inaprensible, se vuelve difícil cifrar en palabras? O, en última instancia, ¿qué detona la escritura de un diario –qué detona, sin más, el acto de la escritura?

A veces la ingenuidad se empeña en inmiscuirse en la propia actividad creativa. ¿Qué es lo que se narra? ¿Acaso los hitos que configuran –que van configurando– la propia trayectoria existencial? Puede que lo que se narre, así sea insulso o anodino, represente el lado menos nocivo de eso que se entiende como realidad. Hipótesis: el resultado de la escritura de un diario –o, en todo caso, del acto creativo– es justamente una forma, un modo de narrar. Un modo, en fin, de estar –e incluso de incidir, por vía de la palabra– en el mundo.

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QUINTO ENCUENTRO NACIONAL DE ORALITURA.

Una ballena encallada en las playas de San Bernardo nos recuerda el estado actual de la literatura universal.

 

En San Bernardo del Viento, del departamento de Córdoba, Colombia se está realizando -del 10 al 15 de octubre del presente año-  el quinto encuentro Nacional de Oralitura, evento que convoca a todos los escritores y poetas interesados, en modo presencial como en la modalidad de lo virtual a través de videollamadas en google meet.

 

 

Esta iniciativa está promovida por los escritores Manuel del Cristo Álvarez y Francisco Javier Coneo.

En el evento participarán de forma especial escritores de la región del sarare, entre ellos Álvaro Cristancho Toscano , por Saravena, y Leonel Pérez Barreño de Tame.

 

Así que todos están invitados a participar de esta fiesta literaria.

 

 

 

Episodios cotidianos. Por Francesco Vitola

Jubilación prematura

3/6/2022. Domingo. Barcelona. Hoy doy por jubiladas mis rodillas. En adelante solo las usaré en paseos vespertinos, y a lo sumo, en eventuales recorridos turísticos. Las jubilo luego de haber llegado hasta la entrada del parque de diversiones en el monte Tibidado (512m). La semana anterior había subido al castillo de Montjuic (173m), exigiéndole a mi rodilla-matraca que me llevara, no solo hasta el fuerte, sino también a conocer sus recovecos. Las molestias en la rodilla izquierda eran tolerables, y en vista de que tres días después ya estaba recuperado —descontando el persistente sonido como de molinillo de pimienta— decidí que era buen momento para intentar subir al Tibidabo, reto que intenté fallidamente durante un invierno, hace casi 20 años.

Sobre el ascenso no hay mucho que decir, salvo que primero hubo cientos de escalones de piedra, seguido de cientos de metros por caminos de tierra aplanada, y unos cuantos metros a campo traviesa. Aunque la cima fue imposible de alcanzar porque los terrenos que ocupa el parque son propiedad privada, el hecho de llegar hasta la entrada del lugar se sintió como un pequeño triunfo ante la tediosa monotonía. Pero fue una emoción fugaz como un subidón de nicotina, ya que una vez alcanzado ese punto solo quedaba descender, lo que hice sin preámbulos para evitar el enfriamiento de las articulaciones. Desando extender la liberación de hormonas del bienestar decidí aventurarme por uno de los tantos senderos creados por la fauna del Parque Natural de Collserola; a eso de media hora de estar perdido en el monte la trocha súbitamente caía en picada tres metros y pasaba frente a la boca de lo que parecía una cueva cubierta por una ramada. Ahí entendí el terror que deben sentir quienes se extravían en el monte, sobre todo si van heridos, con hipotermia, o deshidratados. Pensé en que a esa hora era menos factible encontrarse a una fiera salvaje que a un psicópata, y por alguna razón eso me tranquilizó. La rodilla producía un dolor punzante, pero en ese momento la fricción de los meniscos era el menor de mis problemas.

De vuelta en el camino autorizado todo volvió a la sosa normalidad, el resto del descenso transcurrió sin novedades hasta que descubrí algo espantoso: la cruda escala de lajas verdes como escamas de dragón no tenía barandas. Y no tenía opción, esa era la ruta más rápida. El sol estaba cocinándome el cráneo y la nuca, el agua se había terminado, y la migraña por insolación avanzaba agresivamente ignorando el paracetamol de un gramo que me había tomado recién salido del foso.

Mientras tanto, a mis espaldas pasaban los fanáticos del trekking dando saltitos gráciles, casi levitando como al compás del concierto para clarinetes de Mozart que yo escuchaba.

Con la sonrisa resignada del que se sabe decrépito bajé los escalones, uno a uno, poniendo primero el pie derecho, el lado de la rodilla buena, pasito a pasito, como un bebé que aprende a bajar escaleras.

Episodios cotidianos. Por Francesco Vitola

Métodos para romper el hielo

 

7/06/2022. Barcelona. Romper el hielo es el principal obstáculo a la hora de conocer nuevas personas, aquí un breve manual para remediarlo:

 

  1. Hazle una pregunta no demasiado personal, lo suficiente para atrapar su interés En lo posible, que surja de la observación de la persona. Evita hacer preguntas que se puedan responder con monosílabos. En cambio, pregunta, por ejemplo: «¿de dónde eres?»; «¿cómo te llamas?»
  2. Ser espontáneo. Di lo que piensas, trata de sacarle una sonrisa.
  3. No huyas de la situación si se ha puesto tensa luego de tu aproximación, es normal hacer ajustes para sintonizar.
  4. Ten iniciativa, da el primer paso. Desarrolla un sistema sutil para iniciar conversaciones.
  5. Vive tu vida, pero ayuda a quien lo necesite, lo demás vendrá por añadidura.
  6. Halagos simples, sin exageraciones.
  7. Atrae, no busques. «Mostrar tu hambre» puede ser interpretado como desesperación. Con frecuencia lo mejor es tomar una aproximación indirecta y desinteresada. No busques, pero reconoce los hallazgos.
  8. Valórate, no te conformes. Apunta alto, igual vas a hacer el ridículo.
  9. Relájate, todos buscamos una compañía amena con la que pasar un rato agradable, pero no te afanes por nada ni por nadie.
  10. No idealices. Si lo de las interacciones sociales se te da mal —ni hablemos de la conquista—, ¿por qué seguir invirtiéndole tanto tiempo? Es preferible tener paz interior a andar creyendo que una persona te llevará al nirvana.
  11. Olvídate de la fantasía del amor. Cultiva una relación sentimental, si es caso, a partir del sexo o la amistad.
  12. La ley del mínimo esfuerzo no es mala, es justo lo que necesitamos aplicar aquí.
  13. Nada de lo dicho servirá si no le interesas, no seas pesado.

«Mujer de la montaña»: acercamientos a la narrativa de Josías López Gómez. Por José Osbaldo García Muñoz

 

Hace tiempo, mientras buscaba un tema para abordar el indigenismo en Chiapas, tuve un encuentro fortuito con el escritor Josías López Gómez. Siempre alegre y bonachón, presto para las bromas y la risa, tuvo la amabilidad de regalarme su primera novela, recién publicada: Te’eltik ants, Mujer de la montaña. «La firma sí se cobra», dijo, bromeando, cuando le solicité que me rubricara el obsequio. Enseguida, pidió que le hiciera algunos comentarios a su obra: «Pero hable bien de mí, pues, si no le voy a tener que pedir mi libro otra vez», puntualizó con su clásico y sonoro tono de voz para, de inmediato, echarse a reír en abierta carcajada.

 

  1. El autor

 

Josías nació en la comunidad Cholol, municipio de Oxchuc, Chiapas, el 1° de agosto de 1959. Licenciado en Etnolingüística y Maestro en Lingüística Indoamericana, de 1981 a 2013, se desempeñó como profesor bilingüe en áreas rurales de Chiapas. Autor de varios libros, entre los que destacan La aurora lacandona, Todo cambió, Lacra del tiempo y Palabra del alma, fue ganador del premio a la narrativa indígena, emisión 2009, convocado por el CONECULTA-CELALI y del Premio de Literatura Indígena de América 2015. Actualmente, pertenece al Sistema Nacional de Creadores.

Se trata de un narrador autodidacta, exsupervisor escolar bilingüe, esposo, padre de familia y hombre preocupado por el «vacío» que existe en el «arte indígena», según sus propias palabras. Esto último, es el factor primordial que lo mueve a ser un literato, al estar convencido de la «utilidad» de su trabajo en la cuestión lingüística y cultural concerniente a los pueblos originarios. Bajo su óptica, su narrativa:

 

  1. Es «un recurso para la defensa de la lengua bats’il k’op, ante la amenaza constante de descalificaciones y pérdida gradual».
  2. Aunque su obra «No expresa la totalidad del mundo de los bats’il winiketik […], sí ofrece elementos culturales, cosmogónicos, sobre todo, de la explotación y del abandono que caracterizan a los pueblos originarios de Chiapas».

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Hallazgo de cantos populares

Hallazgo de un cancionero marcial en la cantimplora de un joven al que casualmente llamaban «la cantimplora» porque solía ser el desembarco de la libido de sus compañeros.

 

¡A chupar cantimplora!

 

Todas las mañanas al salir el sol
Levanto la carpa con el cabezón
Pongo el redtube en el computador
Y me jalo la tripa como un gladiador.

A la hora que llega a mi mujer
Dice levántese vago vaya a trabajar
No ve que no hay ni mierda para tragar
Le respondo la leche has de ordeñar

Depresión en la mañana me ha de dar
Porque a mi mujer no puedo consolar
El lechero hijueputa se la metió
Y no se la saca ni para mear

A qué hora he de acabar?/ mi vida parece no tener final/ Agárrome la penca y me pongo a llorar/

mientras mi mujer se viene con el lechero como si se fuera a mear .

 

 

Activo en g menor. Por César González

Este escrito no es un cuento, tampoco un relato, mucho menos un short-shorts, no llega a chisme siquiera; Quizás una infidencia frívola pueda ser, una forma burda e intelectual a la vez, de ser lo que se es, porque no se puede ser más cosa, que consecuentes con nuestros actos, flexibles a nuestro destino, como cualquier animal en la suya, absurdamente animal. Entre tantas personas que he conocido en las calles de Euparí- Roll, en los parches donde no llega el amor y solo habita el miedo, donde todos huelen a formol y nadie puede perfumarse de digno, nadie, absolutamente nadie podría  vanagloriarse de honor, nadie sabe de palabra y cualquiera te pone a sobrar así, nada más, de “un chasquido”, pero te dan la moral, aunque se crean superiores a ti, al Loquito del barrio, o al Chirri de la esquina, o al andrajoso del semáforo, cualquiera que este fuera del programa de televisión en el que viven diaria-mente sus sectarias existencias. Imagínate el caso, pensarse vivir en una realidad diferente a los otros, son ellos los mecenas de tu pasaporte, de tu visa de exilio o inxilio, hasta perderte en un país sin nombre donde los cobardes pasan por valientes y los valientes por perdedores y en esas paradojas terminan siendo Ellos los héroes y anti- héroes de la historia, “juanitos alimañas” en potencia que en su ley perecen. Pero la muerte nunca fue algo que le preocupara en lo mínimo, muchos hasta dicen que se criaron juntos, que asistían a la misma escuela, que comían en el  mismo plato, y que para mal, o para bien, había sido su única y fiel amiga, su único amor al fin; no digo su nombre, porque no me corresponde  y además porque tampoco me interesa posar de prensa sensacional, con su sangre derramada en primera plana, y el típico titular sin ninguna responsabilidad afectiva con sus familiares y seres queridos, mucho menos justifico su fin, la muerte (sobre todo cuando se es tan joven y se manifiestan infinitas posibilidades de vivir), esa mujer peligrosa que lo sedujo y a la que buscó implacable en sus faenas de niño malo, que de malo lo único que tenía, en mi lectura personal, ahora que lo analizo con detenimiento, era ese rostro de adolescente malhechor clase baja, cabeza e´ porra que llaman los profesionales del apodo, un defectuoso Robert De Niro boca torcida, un caso como el de Benjamín Button, no cuando es interpretado por Brad Pitt conduciendo su Idian Flathead roja y con gafas de sol, por una autopista sin una sola arruga en el rostro y ni un huequito en la pista, no, pero si cuando está niño-viejo, en ese estado de belleza fenomenal propia del cine y la literatura fantástica, con volcanes de espinillas en constante erupción, y eso por la ingesta prematura de barbitúricos que le tocó pilotear en los distintos centros de rehabilitación en los que vivió largo largo tiempo. Otra de sus temporadas en el infierno o en el paraíso, ya no se sabe, fue cuando estuvo durante tres meses en coma,  “está más allá que acá, le están sonando más las arpas que los acordeones”, escuché a alguien, cuando aún era una leyenda viva y los pelaos siempre estaban al pendiente de sus apariciones en redes sociales y comentaban las principales sobre la farándula del bajo mundo, “tres impactos de bala en la cabeza, está cruzado” otros decían,  de los que nadie, ni doctores, ni mandraque daban fe a que pudiera salvarse, pero se salvó, contra todos los pronósticos, hierba mala, no moría. habían quienes decían que su andar de Zombi salido de una coreografía de Michael Jackson, era por una bala que nunca pudieron extraerle los cirujanos, en los congresos donde su caso fue modelo de estudio comentaban que era mejor que estuviese ahí, por donde comenzaba la columna a bajar, que la bala había desplazado una vértebra y en lugar de la pieza ósea, había quedado una astilla de plomo. Por los días que era tendencia, cuando salió en aquel video donde dos mujeres le propinaban una golpiza por la zona del Boliche, los que solo fueron objeto de burlas y los comentarios vituperiosos de siempre; El árbol había caído, y para ser leña no le faltaba nada, por esos días ya nadie daba un peso por el menor, ni la mínima moral, en los boros nadie le pasaba el porro, ni por error, no permitían que se acercara a los parches por la calentura y todo lo que se decía por ahí, que tenía los días contados  y otras sentencias de ese tipo que acostumbran a vociferar los promotores de la muerte, calanchines del mal. Cuando se le comenzó a ver ese mal tiempo de peligro a cuestas, hasta los más firmes, con los que muchas veces la cometió, le abandonaron, como dice esa canción vallenata, “que cuando uno está saláo hasta el amigo más cercano se le aleja”, bueno, así fue, y a él para su mala fortuna, lo había dejado hasta su propia sombra. También es cierto que por el Dan Gong y por la Secta ya no lo podían ver las putas, ni los putos, ni los drogos, nadie, no había esquina donde pudiera relajarse, como el  solitario vagabundo -que a las malas le tocó ser- tranquila y desapercibidamente. Es curioso, y lo es más cuando pasa el tiempo, pero debo decirlo, nunca consideré peligroso al menor, más que para sí mismo, mucho menos un ladrón inteligente y con éxito, sobre todo después de esa noche en la que en un evento donde García, o Gart, pintor y músico de la escena,  debo aclarar antes que todo que este será el único fragmento anecdótico de lo aquí escrito: Yo pasaba una de mis borracheras excéntricas, mientras al mejor estilo de los rituales chamanicos los asistentes bordeaban una gran fogata y bailaban y daban giros y emitían aullidos, una buena noche hippie; cuando salí a buscar un taxi y a tratar de pasar el mareo de marihuana y cerveza con un cigarrillo, empeoró la cosa, mientras el menor como un golero sobrevolaba a la presa de monte en descomposición, que Yo era, me cargaba la pea de dos vidas, pero a los borrachos les a compaña siempre un instante de extrema lucidez con el que puede bastarles para salir de ese tipo de situaciones, y con esa sola línea  de bolsillo me bastó para trampear al personaje en cuestión, “ menor no me vayas a robar, que te boleteo con el Yesid y los muchachos de la fuking Squad”, fue más una súplica que cualquier otra cosa, la dicha salida en mi evidente desventaja, a él le importaban menos de un pepino nuestras amistades en común, cuando a lo lejos escuché en el limbo de mi ebriedad alterada sus palabras graves y electrocutadas, frías como la madrugada en que nos citaba una vez más el destino, “como así  poeta, me extraña, si yo más bien te estoy cuidando de que lo roben, suerte que me voy en esta verga”. Labia, el menor no perdonaba pinta, pero esa vez en particular creo que sintió algo de piedad, o puede que la haya visto muy fácil, un robo no digno de su estatus de rata, y paso a creer que a él le gustaba robar de frente, le gustaba marcarte, era su firma, un verdadero artista de la calle, algo así como un no me olvides, un, Soy el activo menor y vas a perder.

 

A la memoria de Iván.

Centroaméxico: mexicanidad + centroamericanidad = centroamexicanidad. Por Balam Rodrigo

«El norte trabaja, el centro piensa y el sur descansa» reza el retrógrado y xenófobo dicho popular que suele escucharse en México cuando se discute en términos comparativos sobre el “progreso” de las sociedades que habitan las distintas latitudes geográficas de nuestro país. Por otro lado, como escritor nativo y habitante de Chiapas, provincia ubicada en la Frontera Sur (Frontera Sur), región que supuestamente “descansa” perennemente sobre la incómoda hamaca de su compleja y errática historia, me interesa cuestionar la manera en que los sureños somos y hemos sido vistos desde el noroeste, el noreste, el centro, el occidente, y desde cualquier otro ángulo o latitud geográfica, política, antropológica, económica, ideológica o sociológica. Una parte de la literatura producida a finales del siglo XX y en las primeras décadas del XXI en Chiapas puede servir como brújula identitaria para establecer el panorama literario y el rumbo estético al que pretendo llegar y del que nunca hemos salido: Centroamérica. Cierto es que las figuras literarias más conspicuas de esta tierra en parte mexicana siguen siendo Rosario Castellanos y Jaime Sabines, a los que deben agregarse la casi desconocida narradora Blanca Lydia Trejo, el dramaturgo Carlos Olmos, los tres chiapanecos que integraron La Espiga Amotinada, Eraclio Zepeda, Juan Bañuelos y Óscar Oliva, así como el escritor total Roberto López Moreno. Asimismo, es pertinente señalar que la narrativa actual de Chiapas vive un auge importante: en novela, destaco la obra reciente de Claudia Morales (Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos 2015), Jorge Zúñiga y Gabriel Velázquez Toledo (que obtuvieron el Premio Nacional de Novela Negra “Una vuelta de tuerca” en 2019 y 2020, respectivamente), Nadia Villafuerte, Ney Antonio Salinas, Ornán Gómez, Luis Antonio Rincón (Premio de Novela Juvenil Norma FeNAL 2020), Alejandro Aldana Sellschopp y especialmente Mikel Ruiz, crítico, narrador y ensayista que escribe tanto en lengua tsotsil como en español y es autor de las novelas Los hijos errantes (Coneculta-Chiapas, México, 2014) y La ira de los murciélagos (Camelot América, México, 2021). Esta última, escrita únicamente en español, es quizá la primera novela sobre el narcotráfico ambientada en San Juan Chamula, pueblo natal de Mikel, que retrata eficazmente las entrañas de la violencia derivada de la guerra fratricida por hacerse del control de la plaza en territorio indígena donde los cárteles y el narco se gestan en tsotsil. En esta lengua también escriben el ensayista y narrador Delmar Penka y la dramaturga Petrona de la Cruz Cruz, mientras que el cuentista y novelista Josías López Gómez (Premio Literaturas Indígenas de América 2015), ha desarrollado una sólida obra en lengua tseltal y en español.

La mayor parte de los libros de las y los narradores señalados tiene como escenario discursivo la Frontera Sur y los temas giran en torno a las problemáticas comunes de la región (migración, conflictos interétnicos y religiosos, narcotráfico, cosmovisión de los pueblos originarios, aculturación, dominio del paisaje urbano sobre el rural, entre otros). En cuanto al cuento y el ensayo en Chiapas, existen dos libros que han abordado puntualmente el desarrollo de estos géneros en la entidad: El cuento en Chiapas (1913-1915) (Coneculta-Chiapas, Tuxtla Gutiérrez, 2017) de Alejandro Aldana Sellschopp y Antología del ensayo moderno en Chiapas. Esbozo de una historia cultural (Coneculta-Chiapas, Tuxtla Gutiérrez, 2017) de Ignacio Ruiz Pérez. Pero lo que aquí me interesa señalar son las particularidades y rasgos (principalmente lingüísticos) que hacen de la literatura de Chiapas, en términos identitarios, parte de la literatura centroamericana, es decir, destacar la pertenencia de Chiapas a la tradición literaria de Centroamérica, sin olvidar que también forma parte indiscutible de la literatura mexicana.

Por otro lado, el discurso de las y los autores originarios de Chiapas y la Frontera Sur genera, por sí mismo, una semiosfera distinta que, aunque menos conocida, tiene una dirección identitaria distinta al de la llamada norteñidad: desplaza, de hecho, la Frontera Sur hacia el norte.

De ahí que una de las preguntas a responder en este ensayo es, si de modo similar a la norteñidad —y su bastardo posmoderno, la posnorteñidad— existe algún equivalente en el sur-sureste de México que podamos llamar sureñidad o bien, un concepto o constructo similar. Read More…

Episodios cotidianos.Por Francesco Vitola

Hello, insomnia, my old Friend

01/06/2022. Barcelona. ¿Cómo apagar el motor neurológico sin ayuda de fármacos? ¿Cómo apaciguar una mente cargada de ansiedad por asuntos que no se pueden resolver de la noche a la mañana? ¿Y si el camino de menor resistencia es aceptar que algunos somos criaturas nocturnas?, asimilar de una vez que durante la noche, el cerebro de muchos de nosotros funciona mejor que en el día. ¿Por qué seguir empeñándonos en tratar de dormir antes de la media noche?

Del búho no esperamos que se comporte como las predecibles gallinas, las robóticas palomas o las histéricas gaviotas, ¿por qué seguimos sin entender que no todos los humanos nacimos para sonreírle al alba? Si los ciclos circadianos de tantos se optimizan después del crepúsculo, ¿cómo es posible que las metrópolis no funcionen 24 horas? Millones de insomnes encontrarían un poco de sentido a sus existencias, además de explotar un nicho de mercado desaprovechado.

Parece que es mejor negocio vender fármacos para adormecer la ansiedad, que ofrecer alternativas reales a los que las noches nos desvelan. ¿Es preferible lucrarse de los problemas que genera el ritmo de vida occidental, que ofrecer alternativas a quienes viven en un eterno Día —o noche— de la marmota? Para los gobiernos, las transnacionales, los oligopolios, somos solo consumidores, y en el caso de las farmacéuticas, conejillos de indias, «pacientes».

 

Amanece de nuevo, y si no fuera por nuestras bien consolidadas rutinas de trabajo estaríamos al borde de la locura. La noche y sus angustias parecen un recuerdo borroso, una pesadilla escondida en los confines de la materia gris, así que ingerimos los estimulantes que la industria ha diseñado para arrastrar nuestro cuerpo hacia el círculo vicioso de ansiedad —y de insomnio—.

Es tan distinto cuando estamos de vacaciones, todo nos resulta placentero, especialmente dormir. Sólo entonces nos permitimos «el lujo» de relajarnos, tan desacostumbrados estamos a no hacer nada y simplemente disfrutar del momento.

Simón Bolívar y los galenos

Con el perdón de los Bolivarianos, existen registros históricos de que el protohombre latinoamericano cuyo nombre es sinónimo de la gesta libertadora, se portaba mal cuando se pasaba de tragos, fue rechazado por mujeres a las que literalmente les limosneaba algo de tetita,  y se enfermaba de la barriga como cualquier comepapas.

 

Bolívar con una copita listo para armar el desmadre

Uno de estos documentalistas de la vida privada del Libertador, fue el periodista Héctor Muñoz, oriundo de Cucaita, Boyacá, quien le dedicó varios títulos y obtuvo varios premios y reediciones por estos metódicos trabajos de la vida privada de la leyenda bolivariana, entre ellos «Bolívar en Anécdotas» de la que recogemos el instante en que el caraqueño padece un dolor intestinal y se precia de tener a su doctor personal para prácticamente no  utilizarlo para un carajo, similar al aristócrata que en la actualidad paga una medicina prepagada solo para cuando está a punto de morir, pues prestarle mucha atención a los consejos de los galenos por lo general desemboca en amargarse la vida.  Por eso es mejor hacer como el diabético que ignorando su enfermedad, se come dos chocorramos y un café con leche, sabiendo que así acelera su muerte.

 

‹‹Cuando en 1828 el Libertador estuvo en Bucaramanga, sufrió algunos malestares que pronto le curaron. El 13 de mayo amaneció con «el estómago algo cargado» y fuerte dolor de cabeza. Su médico, el doctor Moor, inglés, le recetó un vomitivo con tártaro emético, pero Bolívar no lo tomó. EL médico le aconsejó entonces que continuara tomando té.

El libertador le hizo estos comentarios a Perú De Lacroix:

«Este doctor está siempre con sus remedios, sabiendo que yo no quiero drogas de botica, pero los médicos son como los obispos, aquellos siempre dan recetas y estos siempre echan bendiciones, aunque las personas a quienes las dan no las quieran o se burlen de ellas. El doctor Moor está enorgullecido de ser mi médico y le parece que esta colocación le aumenta su ciencia. Creo que efectivamente necesita de ese apoyo. Es un buen hombre y conmigo de una timidez que perjudicaría a sus conocimientos y luces aun cuando tuviese las de Hipócrates. La dignidad doctoral que ostenta algunas veces es un ropaje ajeno de que se reviste y que le sienta muy mal. Está engañado si piensa que tengo fe en la ciencia que profesa, en la suya y en sus recetas, se las pido, a ratos, para salvar su amor propio y no desairarlo; en una palabra, mi médico es para mí un mueble de aparato, de lujo y no de utilidad».

El catorce de mayo Bolívar amaneció bien y le dijo a De Lacroix:

«Ve, usted coronel, que sin el emético del doctor me he puesto bueno y quizás si lo hubiera tomado estaría ahora con los humores revueltos y con una fuerte calentura». ››

 

Bolívar en anécdotas. Héctor Muñoz. Editado por El Espectador. Editado en 1983.