Episodios cotidianos. Por Francesco Vitola

Continuamos con la tercera crónica breve de Francesco Vitola Rognini

Arresto ciudadano

25/2/22. Barcelona, España. En mi patrullaje peripatético de esta tarde pude matar el aburrimiento mientras hice mi primer arresto ciudadano. A la voz de «get him», se despertó el vigilante que lleva todo colombiano en su interior. Los obreros que retuvieron al carterista ecuatoriano, lo dejaron ir quizás confundidos por los gritos de norteamericana. Continuó corriendo en mi dirección, falto de aire, pero no lo detuve, dejé que pasara por mi lado y extendí el brazo buscando su cuello. El señor, de unos 40 años, quedó sentado en el piso; procedí a sujetarlo por el cuello de su chaqueta y lo ayudé a ponerse en pie. Un civil se acercó y lo sujetó por el brazo derecho, le dijo que se girara contra la pared, y así lo retuvimos hasta que apareció el policía que lo perseguía. El ecuatoriano gritaba frustrado, desalentado.

El otro civil —quizás un policía de paisano— le entregó al policía el control sobre el arrestado, y mientras ambos lo sosteníamos contra la pared me preguntó: «¿Compañero?». Cubierto como iba, no me extrañó que me confundiera por uno de los suyos, así que sólo dije: «No, civil».

Y sin más, ni unas gracias, se llevó esposado al preso.

Sus colegas lo recibieron como si lo hubiese atrapado él mismo luego de correr por callejones nauseabundos, esquivar ratas o saltar muros alambrados.

Supongo que son cosas de la hiperactividad, pero ese minuto pasó en cámara lenta, casi como si lo viera objetivamente. Y si intervine fue porque inconscientemente comparé a este pobre hombre de un metro sesenta, con sobrepeso, que parecía un ciervo huyendo de los lobo, con aquellos raponeros fumadores de polvo de ladrillo y base de coca del centro de Barranquilla, de los que hay que cuidarse en la temporada navideña.

Como fuere, mal por el carterista que se cruzó en mi camino, pero me alegra haber estado ahí en el momento justo, así pude matar el tedio que me tenía patrullando las calles del Eixample en pleno invierno. Además, la situación me permitió comprobar que la «guillotina al cuello» al estilo de la WWE (no confundirla con la «guillotina» o «mata león» del JiuJitsu) funciona.

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