Andrew Wood: el grunge de la voz de oro

El encuentro de Nucta y Wood fue captado por la dreamachine de Burroughs

El encuentro de Nucta y Wood fue captado por la dreamachine de Burroughs

Nucta llega al Templo del Perro ubicado en la cima de la montaña más alta, a cantarle a la memoria de cantantes desaparecidos que recibieron y perdieron por el Espíritu. No existen instrucciones para el ritual pero una profunda tristeza parece haberlo preparado para la ocasión. Como si hubiera estado esperando por el sueño, porque los rápidos siempre viajan gratis.  Nucta muerde la  manzana y se inunda en lágrimas. Como Sodoma y Gomorra todo está muerto ahora. El futuro estuvo en sus manos hasta que arrasó con él con los mismos ojos que ahora lo consumen.

El último hombre que encontró Nucta sobre el planeta fue Andrew Wood. Andrew Wood llevaba muerto más de dos décadas, antes del furor del grunge que él mismo sin saberlo ayudaría a erigir y volverse un mito, aunque todo el mérito se lo llevara después otra alma tan desgraciada como él, igual de guiada por el espíritu.  Era el encuentro con el muchacho de las palabras doradas.

No se había vuelto a ver a Wood en el mundo después de este video en el que sale junto a un precoz Stone Gossard, futuro guitarrista de Pearl Jam, tras la desintegración de Mother Love Bone y la nueva agrupación junto a Eddie Vedder: Pearl Jam.

El único lenguaje internacional fue cantado por Andrew Wood. Las palabras y la música fueron su único instrumento. El hombre de las palabras doradas era el Rey de Reyes.  Una sombra se cernía sobre el planeta que alguna vez albergó amor y subhumanos capaces de sentir avergonzados de tan elevado sentimiento.  EL piano retumbaba sobre la cabeza de Nucta quien soy yo cuando aparezco en el día para ensombrecer todo.

La pureza del espíritu y la lealtad se paga con el menosprecio y la burla. Sin  cuánta ingratitud el amor sigue íntegro. Porque el amor no depende de los demás sino vive en quien ama.

El amor nos hace vulnerables pero también, lo mismo que el sol, nos brindó la luz que un día nos habría de podrir.

Mordí la manzana, soñé que estaba en la cima del planeta Tierra calcinado. Sentí el ardoroso beso del Espíritu y creí despertar.  Como el sueño de Coleridge encontré una verdad dentro de una espléndida ficción.

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