Fragonard. Un alma sensible y triste en medio de la frívola sociedad.
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Fragonard fue un pintor francés, uno de los más populares del siglo XVIII. Pintó las mujeres más hermosas que alguien hubiera podido imaginar para la época. Pero no solo fue un gran pintor de la belleza de su tiempo, también fue un hombre bastante solitario, porque en sus retratos la belleza que pinta duele profundamente. Pienso que Fragonard en su corazón tenía un fuerte sentimiento de tristeza y soledad. En este artículo me propongo presentarlo no solo como el hombre que pintó la belleza de su tiempo, sino también como el atormentado que fue. Una belleza que hiere. Pinturas deliciosas que contienen una lujuria y una sociedad corrupta. Fragonard, debido a su victoria sobre esa sociedad, siente la frivolidad no como un triunfo sino como un ataque al espíritu.
Fragonard. Un alma sensible y triste en medio de la frívola sociedad.
Fragonard como poeta, como el hombre que pintó deliciosamente el momento en el que vivió, sus pinturas, llenas de luz, gracias a la influencia que tendría del maestro Chardin, con el que estudió en su taller, acercan al público a una experiencia hermosa, de ternura, de fragilidad, sus mujeres son totalmente provistas de belleza dando así el carácter poético que le es conferido. Influenciado también por el veneciano Tiepolo, Fragonard adquiere un virtuosismo inigualable. Su paleta, compuesta de azul de Prusia, amarillo cromo, bermellón, amarillo oro, pardos, rojos y verdes[1]
Con esta luz divina que le atribuye a sus obras, convierte las fiestas galantes de Antoine Watteau en un deleite lleno de lujuria y belleza en las praderas, con sus bosques frondosos, que se repiten en las diferentes escenas, pero como si se situara en distintos lugares dentro de éstos. Los bosques frondosos también dan un aire erótico a las composiciones, no solamente por el hecho de que existían jardines para los amantes, sino porque la fertilidad del bosque también alude a la fertilidad humana. Estos jardines son la influencia clara que tiene Tiepolo sobre Fragonard y su estadía en Venecia.[2]
Gracias al fenómeno de la Ilustración, Fragonard brinda en sus pinturas un aire de superioridad a los humanos y a sus sentimientos, sin dejar de lado las sensaciones que son naturales, como la lujuria, que está presente en la mayoría de sus obras, El Columpio, por ejemplo, nos presenta a una bella dama con curvas pronunciadas que deja ver sus tobillos, que para entonces, era un atrevimiento a la moral (aún cuando estaba surgiendo un nuevo pensamiento y es por esto que Fragonard hace parte de éste cambio) , con un mirón en la parte inferior, que es evidente, observa a la muchacha por debajo de sus enaguas. Muestra también toda la indumentaria al vestirse de la época, los jardines galantes, las costumbres hipócritas cubiertas por la exteriorización en fastuosidades y detalles lujosos y delicados concebidos únicamente para la satisfacción individual, pues estaban reservados estos privilegios a lo que entonces surgió como “Burguesa Aristocrática”. Acerca de El Columpio hay una teoría en torno al hombre mayor que empuja a la muchacha en la parte de atrás, se dice que es su marido, mientras que el joven que la observa (por debajo de sus enaguas) es el amante. En el Siglo de las luces, los matrimonios se hacían por conveniencia social, y en las clases altas el adulterio era algo común, pues si la pareja tenía su matrimonio arreglado y no se amaban realmente, cada uno tendría la libertad de tener su sexualidad por aparte. También aparece sobre el muchacho una figura de Cupido, el ángel del amor, haciendo una mueca que alude a un secreto, mientras que la muchacha mira fijamente al joven como dando a entender que, efectivamente, conserva el secreto entre los dos.[3]
Fragonard, pinta, entonces, no solamente lo que a las personas les gusta ver, sino que demuestra, a través de esto, una exhaustiva y tal vez crítica observación de la vida galante en la alta sociedad. Sociedad que rendía un culto igual al espíritu y al placer, por lo que en el período de la Regencia reina el libertinaje que se le atribuye al reinado de Luis XV cuando aún era menor de edad, pero gobernaba a través del sobrino de Luis XIV, el Regente Felipe de Orléans. Luis XV tenía sus caprichos, fue la encarnación de la época. Gracias a los salones de madame de Tencin, los pintores alcanzaban la fama exponiendo allí para el gusto del Rey, por supuesto, pues todos iban a verlo y a ver su gusto y lo que disgustara a éste, disgustaba al resto de la corte, otros salones famosos fueron los de la marquesa de Deffand, del barón de Holbach o los de mademoiselle de Lespinasse, allí no sólo se reunían gobernantes, también enciclopedistas, escritores, actores y grandes señores. De repente, los salones adquirieron más importancia aún que la corte misma, pues incluso los personajes que asistían a éstos, eran fuertes críticos de la corte y hacían públicas allí sus demandas. A través de obras de teatro, literarias y plásticas. [4]
“La escena de alcoba es a Fragonard lo que la escena galante a Watteau”[5] El Cerrojo es evidencia de esta afirmación. Una escena libertina , de una pareja encerrada, que tiene la libertad de hacer posibles sus fantasías gracias a la protección de un cerrojo. Lleno de colores cálidos, acompañado por una jarra de vino, un elemento báquico[6] que hace que la pareja se entregue a los placeres más banales, la ausencia de cielo: el espacio es netamente íntimo. La cortina roja, el hombre fuerte haciendo contraste con la fragilidad de la mujer que se entrega a su brazos. Él, vestido con ropa apenas de cama, desordenado, representa el placer consumado, mientras que ella, vestida de dorado y rubia, representa la pureza y fragilidad. Éste cuadro representa la tentación en la que cae la mujer proba y mayor que su amante, una escena también común en esos tiempos.
“…Un hombre lee, y como conviene al lector, y acaso también al autor de una novela (quizá simplemente la de su propia existencia), vuelve la espalda decidamente, a la realidad. Por el contrario, es su sueño el que se abre y se presenta ante nosotros pero decididamente de frente, debido a esa mujer joven sentada: hablo del vestido de anchos pliegues y refejos tornasolados; pero la atención de la pensadora, que solo nos ofrece un perfil oscurecido, está fija, allá, por detrás, adhiriéndose a un paraje imaginario, que duda si alcanzar o abandonar. Acodada y como pendiente del balaustre de un estanque invisible. Pero el lector ha dejado de leer, pregunta, las líneas han desaparecido de ese librito que tiene entre las manos, y la sonoridad de una frase no pronunciada llena toda la escena.
Son cuadros tristes, a los que es imposible prestar oído.”[7]
A partir de la reflexión de Claudel se puede sacar más que una conclusión frívola acerca de la pintura de Fragonard, él no solo presentaba la sociedad corrupta de su tiempo, también quería expresar, tal vez, con sus pinturas, la desolación, la tristeza, la añoranza de algo mejor estando involucrado en esta sociedad que carcomía por dentro sin dejar que se viera en el exterior. Una sociedad en la que era mejor aparentar que realmente tener, muy parecida a la actual, no se escucha, no se ve, no se siente nada de lo que pasa en el mundo desde que se tengan unos hermosos zapatos, un bello vestido y amigos con quién pavonearse en las salas del espectáculo. Fragonard también sentía la soledad que oprimía su corazón. El texto de Claudel, es tal vez, una reflexión más allá acerca de la pintura de Fragonard, pues no lo toma como el hombre frívolo de la época, sino, más bien, como un hombre atormentado en medio de la frivolidad de su tiempo, un hombre que, si bien gozó en su momento de los privilegios de ésta, también fue atacado y fuertemente criticado.
[1] FANDIÑO, Diego. Adeline Colombe ceñida de flores. “Las mujeres del amor”. Teoría e historia del arte. Universidad Distrital Francisco José de Caldas Selección ensayo 2008-3 “…el bermellón, el Azul de Prusia, el amarillo de cromo para crear la luz, la sombra y el reflejo de un brazo; cuerpos en los que el codo está hecho de un bermellón fluctuante en un reflejo de puro amarillo de oro,; cuerpos cuya piel el pintor pespuntea de rojos, de pardos, de verdes, de los tonos secretos de una forma que vive…”
[2] “… Durante su estancia pudo admirar los románticos jardines con sus fuentes, templos y terrazas, que posteriormente plasmaría en sus obras, en las que se observa una influencia de su contemporáneo Giovanni Battista Tiepolo” Tomado de: “Fue Jean – Honoré Fragonard un prolífico pintor de frívola temática” Lainformacion.mx sección de Cultura. Sin Autor. Abril 4 de 2012. 10.24 am
[3] ↑ a b Eva-Gesine Baur, «El rococó y el neoclasicismo» en Los maestros de la pintura occidental, Taschen, 2005, pág. 360, ISBN 3-8228-4744-5
[4] GAY Claire, El Siglo XVIII. Historia General de la Pintura, Aguilar, S.A de Ediciones Juan Bravo, 38. Madrid (España), 1969 Página 16
[5] Gay, Claire, El Siglo XVIII. Historia General de la Pintura, Aguilar, S.A de Ediciones. Juan Bravo, 38. Madrid (España), 1969. Página 26
[6] Referente al dios Baco o Dionisio. “Dios del vino, inspirador de la locura ritual y el éxtasis..” Wikipedia.org
[7] CLAUDEL Paul. LCeil écoute, Gallimard. Branges 8 de julio de 1941
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Etiquetas:adulterio, alma sensible, Antoine Watteau, azul de Prusia, barón de Holbach, Burguesa Aristocrática, Chardin, Claudel, cuadros tristes, Cupido, El cerrojo, el columpio, El siglo de las luces, enaguas, Fragonard, Historia del arte, Ilustración, mademoiselle de Lespinasse, marquesa de Deffand, Pintura, sociedad corrupta, sociedad frívola, Tiepolo, Venecía, Wanda Uribe Villa
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