Día del llanero: cultivando con los Jitnus

«el guajibo está considerado uno de los cinco idiomas más completos del mundo. Con un monosílabo te cuentan que ayer llovió todo el día y se formaron charcos en el piso como cuando caen mil inviernos» UMBERTO AMAYA LUZARDO

El indígena de sabana es el génesis del llanero.

Hoy 25 de julio se celebra el día del llanero, gracias a la iniciativa del maestro Gustavo Rodríguez Martínez y Alberto Sabogal Gómez, y debido a la gestión del  diputado Diego Fermín Linares Castejón, quien radicó el proyecto de la asamblea que terminó convertido en la ordenanza 038 del 2001, institucionaliza este día, en conmemoración del día del Pantano de Vargas, en donde los lanceros, en la mayoría llaneros, entre ellos 4 tameños, tuvieron una participación de la victoria.

También esta fecha es un reconocimiento al indígena que, al lado  del llanero, luchó en las batallas de emancipación. La figura del llanero se extiende por todo el continente americano, desde el Cowboy gringo hasta el Gaucho de las pampas argentinas, pasando evidentemente por el ranchero, fenómeno del que  da cuenta la célebre película de 1965: Alma Llanera, clásica del cine mexicano, protagonizada por Antonio Aguilar inspirada en la novela de Doña Bárbara de Rómulo Gallegos, y en donde se tiene como referencia principal la canción venezolana compuesta por Rafael Bolívar Coronado y musicalizada por Pedro Elías Gutiérrez.

Como lo expresa el documental al inicio, entre los americanos americanos, es decir, aborígenes de estas tierras, quedan muy pocos, y entre ellos, están los Jitnus, de la extensa familia de los guajibos. Este video es una exploración a su forma de vida nómada y sus nuevas maneras de habitar el territorio.

No se trata de una mirada externa, sino los propios investigadores, entre ellos, el escritor Umberto Amaya Luzardo (a quien presentamos desde una nueva faceta, nunca antes vista en este portal, ahora como documentalista), intervienen e interactúan con la comunidad para mejorar sus condiciones de vida. De esta manera, la guadaña irrumpe en sus oficios para facilitar tareas, y el jabón se vuelve una necesidad nueva de higiene por lo que se ocupan también de su fabricación con gran importancia.

‹‹Canoa ›› fue de las primeras palabras auténticamente americanas que se extendieron a lo largo del mundo. Este documental de hace 10 años es una muestra de una comunidad americana que sigue viva y toma las cosas del mundo exterior para facilitar sus propios procesos, como también nos pueden ayudar a entender cómo tratar  casos como el de Alicia, sin necesidad de recurrir a los procesos occidentales de normalización sino más bien ver la importancia de la integración de las personas especiales en la comunidad.  Tal vez siempre hubo comunicación de todas partes para potenciar la vida humana mientras compartimos este tiempo en la Tierra, y la ilusión fue hacernos creer que alguna vez estuvimos separados entre civilización y barbarie; entre conquista y prehistoria.

 

Celebramos el día del llanero teniendo en cuenta nuestras raíces. Con textos, inmersión y cámaras de Umberto Amaya Luzardo, edición de Hugo Caroprese, y trabajo antropológico de Viviana Jaramillo.

 

 

 

 

 

Cultivando con Los Jitnus from Hugo Caroprese on Vimeo.

Héroes Ocultos del Bicentenario, por Luis Bolaños

Un relato pergeñado en torno a los comicios del Perú, pronto a definirse (hasta el momento de la publicación aún en expectativa por las maniobras de uno de los candidatos). 

Héroes Ocultos del Bicentenario

Luis Antonio  Bolaños de la Cruz

 

Créditos corresponden al caricaturista que firma como Heduardicidios del Diario La República del Perú.

Todo equipo para investigaciones temporoespaciales debe estar constituido por un Técnico que manipula el encapsulador y la pantalla; un Científico, que rediseña de manera constante el aparato para mantenernos surcando la corriente temporal; un Sociólogo, que interactúa con los imagos convocados por la pantalla; y, el Manarmed, que nos defiende de cualquier agresión y nos protege de peligros ofrendando su existencia si es necesario.

Funcionamos como un manojo de cartas, todos estamos en la jugada pero cada cual cumple las tareas que le están adjudicads por protocolo:

El Técnico incansable y constante revisa las condiciones de la cápsula y corrige cualquier variación que implique riesgo y observa el paisaje que recorremos por si existe algún orate, siempre contemporáneo, que por motivos siempre deleznables quiere dejar su huella alterando un episodio histórico y ejecutar un cambio en la malla del tiempo, de ser así actúa para poder borrarlo de inmediato.

El Científico se dedica al aparato (que permite el viaje) en el centro de la cápsula, por lo general ni ve ni participa, pero brinda seguridad en el deslizarse por los segundos, para ello recurre a las matemáticas de la multiversatilidad y reduce una y otra vez las probabilidades para que sólo exista la nuestra en nuestro surcar.

El Sociólogo se sienta al frente al lado del Técnico, provisto de hipermnesia conoce cada circunstancia y cada personaje de la coyuntura en el momento que visitaremos, cada dato y cada proceso, identifica y corrobora para que se ajuste a lo real consignado en la historia, debe identificar  cualquier variación apoyando la labor del Técnico, quien palpita en la malla mientras el Sociólogo se refocila en la hebra a través de la cual entramos y salimos de la historia, en consonancia con el deslizamiento lograda por el Científico.

El Manarmed pegado a la piel de la cápsula sólo espera para intervenir y soltar la energía que congrega, intercala y expande para destruir la interferencia o irregularidad y retornar dos segundos, gracias a las ecuaciones siempre dispuestas por el Científico para reafirmar nuestra probabilidad.

Se había decidido visitar la celebración del Bicentario en Perú y conjugar en múltiples dimensiones el recuerdo grabado en la historia y el acontecimiento, tal y como se desarrolló, para enriquecer la textura del suceso, sabíamos de los resultados acaecidos en las elecciones, y cómo Pedro Castillo se convirtió en el primer presidente Post Bicentario y la prosperidad y tranquilidad que reinaron después en anuencia con los gigantescos cambios que se estaban dando en el planeta… y, de repente, apareció titilando un misil que amenazaba estallar en medio de la ceremonia. El Manarmed actúo, realizó su programa, deflagró, o como quiera que se llame su desintegración, y retrocedimos dos segundos, lo suficiente para destruir el misil y que todo coincidiera normal y acorde con lo registrado.

Que si hay algo que agregar al informe de visita, si, dos aspectos, uno formal sobre la elección de los miembros del equipo, realizado por los algoritmos de las “mentes maestras” instaladas en la hiperred, aleatoria, automática, inhumana, una vez que inicia el proceso y otro misterioso referido al Manarmed: en nuestra vida cotidiana se llamaba Pedrocastillo &22-B, como si de alguna forma hubiera existido un enlace entre ambos personajes, el Técnico apuesta fuerte por el azar, el Científico supone que el atentado era una probabilidad siempre presente hasta que fue aniquilada por nuestra intervención y yo, el Sociólogo, estoy seguro que Gaia obró en silencio un milagro.

Por eso nuestro equipo para investigaciones temporoespaciales propone nombrar a Pedrocastillo &22-B como Héroe Oculto del Bicentenario.

Oscar «Zeta» Acosta: el vato número uno. Por Francesco Vitola Rognini

 

Zeta, Henry Hawk, The Samoan, Brown Buffalo, Dr. Gonzo, o como prefieran llamarlo, subió a una lancha rápida en la costa de Mazatlán a mediados de 1974. Fue lo último que se supo de él. Había elegido ese punto del mapa para su «exilio estratégico» —expresión usada por Hunter Thompson en el artículo que sondea los motivos de la desaparición de Acosta— tras haber sido capturado en California en posesión de un puñado de anfetaminas: «He mas so broke, divorced, depressed and so deep in public disgrace in the wake of has “high speed drug bust” that not even junkies would have him for an attorney» («The Banshee Screams for Buffalo Meat». The Great Shark Hunt. P. 508). Es decir, fue su inminente muerte profesional lo que le hizo abandonar California. Esto diría Acosta al final de su segunda novela, The Revolt Of The Cockroach People: «I´m going to write my memoirs before I go totally crazy. Or totally underground» (p. 258).

            Quienes deseen profundizar en su vida y obra encontrarán reediciones de sus dos novelas, así como compilaciones de ensayos, cartas personales, cuentos y guiones, todo lo cual, leído como unidad, permite comprender a este multifacético Chicano. Esto ha sido posible gracias al empeño de su hijo Marco Federico Acosta, custodio de los archivos personales de Oscar. También han sido indispensables en la labor de análisis y difusión de su obra las universidades que ofrecen programas en Estudios Chicanos, así como PBS , financiador de un filme que rescata su memoria: The Rise and Fall of the Brown Buffalo.

 

Genio y figura hasta la sepultura

 

Oscar Acosta sentía curiosidad por la historia de sus ancestros, y lo acosaba la culpa de haber perdido su idioma: «Sometimes I wish I knew more about my origin, about my ancestors. I´ve never really tried to learn. The things I think I know are part history and part story. I have written and thought so much about it that I can no longer, if I ever could, distinguish fact from fiction» ( «From Whence I Came». Oscar “Zeta” Acosta: The Uncollected Works. P. 22). En su primera novela, The Autobiography of a Brown Buffalo, manifiesta una clara intención por encontrar su identidad, se pierde para encontrarse, y dejándose llevar por el azar llega al bar Daisy Duck, en Aspen, Colorado, donde su vida cambiará para siempre: «I Had sure as Hell driven my car over a cliff. But I was alive. Only a cut here and there. Nothing serious. I Had simply died. Nothing was left of the brown buffalo. He Had disappeared in the fall. His car still sits at Devil´s Pass» (p. 159). Además de la búsqueda de identidad, es evidente el deseo de trascender a través del legado literario, porque ante todo Oscar se reconoce como escritor, un aspecto que ha pasado desapercibido entre quienes vean a Oscar como el Dr. Gonzo de Fear and Loathing in Las Vegas. Esto diría al respecto en «Autobiographical Essay», incluido en Oscar “Zeta” Acosta: The Uncollected Works: «I started school at San Francisco State and I started writing. I was majoring in creative writing and mathematics and I dug both of them. I had one semester to go to get my degree in math but, by that time, I was halfway through a novel, so I dropped out to finish that and then intended to go back. I was writing about Chicanos at that time […] and that subject wasn´t acceptable. So I decided I would write because that is what I am, a writer, but I didn´t want to have to write or to be a professional writer» (p. 7). Su primer novela cimentará el mito personal, algo en lo que trabajará de forma constante hasta en el último episodio de su vida: «For twelve years, all through college and law school, I´d been unable to get rid of any printed or written material that in any way whatsoever touched me. I´d kept all my textbooks, my exams, my notes, schedules of classes, announcements of events, hungry poems written in the dark on scraps of paper, and any other paraphernalia that describen me. I was going to make certain that my biographers had all the information they´d need to make a complete report» (p. 49). Pareciera que las decisiones que tomará en su vida están destinadas a alimentar al mitológico bisonte nacido en Aztlán, aquel misionero-anarquista-revolucionario lleno de defectos y virtudes. Y para darle status de mito fue indispensable Thompson: «Oscar was one of God´s Own prototypes —a high-powered mutant of some kind who was never considered for mass production»  escribiría en el artículo «The Banshee Screams for Buffalo Meat» (The Great Shark Hunt. P. 515) .parafraseando aquella célebre descripción incluida en Fear and Loathing in Las Vegas. Oscar era un individuo propenso al fanatismo, como él mismo definía su apasionamiento. Su búsqueda de identidad, sus crisis existenciales y contradicciones (su amor por La Raza y su atracción por el mundo Angloamericano que quiso integrarse como un “all American boy”) lo llevaron a vivir una existencia signada por la tragedia. A lo ancho de su primera obra es evidente el desarraigo que siente, y que se manifiesta en los múltiples proyectos que emprende y abandona a lo largo de los años. Solo al final del libro parece encontrar un nicho, al reconocer que no es ni mexicano ni «Americano». Así lo expresa en The Autobiography of a Brown Buffalo: «What I see now, on this rainy day in January, 1968, what is clear to me after this sojourn is that I am neither a Mexican nor an American. I am neither a catholic nor a Protestant. I am a Chicano by ancestry and a Brown Buffalo by choice» (p. 199). Sin ser un libro triste, el autor nos muestra las fronteras de la locura, sus colapsos nerviosos, episodios de ansiedad y depresión. También ofrece claves para entender la raíz de su problema de abuso de sustancias. Acosta no teme mostrar su vulnerabilidad, y es capaz de una ternura proporcional a su crudeza: «Maria became one of the many women friends I always kept around to protect me from the Frisco fog and my dead vine. I never screwed any of them, I just kept them to hear me out. /A couple of years later when I had the first of my serious nervous breakdowns, she drove me to S.F. general and sat in the waiting room, bitching at the attendants until they received me into their arms for three-day observation period» (p. 46).

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𝗨𝗻𝗮 𝗰𝗮𝗻𝗰𝗶ó𝗻 𝗰áu𝘀𝘁𝗶𝗰𝗮. ᴇʟ ʀᴜɪᴅᴏ ᴅɪᴠᴀɢᴀɴᴛᴇ ᴅᴇ ᴘᴀᴛʀɪᴄɪᴏ ᴅᴀʟɢᴏ.

Sábado 3 de Julio
Inauguración presencial
𝗨𝗻𝗮 𝗰𝗮𝗻𝗰𝗶ó𝗻 cÁU𝘀𝘁𝗶𝗰𝗮.
ᴇʟ ʀᴜɪᴅᴏ ᴅɪᴠᴀɢᴀɴᴛᴇ ᴅᴇ ᴘᴀᴛʀɪᴄɪᴏ ᴅᴀʟɢᴏ. @patriciodalgo

Cuenca, Ecuador

Patricio “ el juguetero” Dalgo, cual Diógenes Laercio, recoge en esta muestra una colección de objetos que fueron en un primer momento descartados, despreciados, tirados prácticamente a sus pies, por otros jueces del arte, para instrumentalizarlos e intervenirlos en piezas de video, sonido o plásticas.
Bajo un esquema aleatorio de “ pensamiento bootleg” (un ejemplo son las muñecas calvas que venden en las calles imitación de las Barbie de Mattel, o los carros Hot Wheels pirateados en carritos de dólar), la basura se vuelve el vehículo del azar.
Materiales  desdeñados como el cartón, entre otros considerados sucios o de baja fidelidad, permiten un ensamblaje con esas otras aspiraciones de la young culture del deseo triste de vivir en un mismo mundo, creando un mash-up en donde todo cobra otro matiz más cercano a las estéticas del cine-B o el industrial-punk.
Lo que no cabe en este mundo se considera ruido, desecho o ripio. El futuro mismo es considerado basura. Desde esta posición de un  absurdo completo se elabora el ruido y el juego, soñando el día que una máquina estropeada pueda componer una  canción caústica. Lo experimental y lo electrónico son esenciales para este trabajo que explora lo sonoro y lo musical en el divagar del ruido.
En esta filosofía del Hazlo-tú-mismo, que no está exenta de bulla y diversión,  estos  objetos obsoletos añoran recobrar un sentido como piezas únicas, a pesar de su apariencia estropeada. Quizás toda esta falsificación no sea más que otro autoretrato del propio Patricio.
  Siguiendo la tradición de los inventores alados (Wan Hu, Valerian Abakovsky, Otto Lilienthal, Franz Reich y Aurel Vlaicu), Patricio Dalgo, con sus experimentos en el caos del residuo, lleva sus ideas errantes hasta las últimas consecuencias.
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Texto por Luis Cermeño @addkerberos

Amazofuturismo y futurismo indígena en la ciencia ficción de Brasil.

Amazofuturismo y futurismo indígena en la ciencia ficción de Brasil

Por Vítor Castelões Gama y Marcelo Velloso Garcia

 

 

Publicado originalmente en Vector:

Gama, Vítor Castelões and Garcia, Marcelo Velloso. 2020. Amazofuturism and Indigenous Futurism in Brazilian Science Fiction. https://vector-bsfa.com/2020/09/04/amazofuturism-and-indigenous-futurism-in-brazilian-science-fiction/

Traducción: Sergio Ortiz

 

 

 

Este ensayo explora dos movimientos contemporáneos asociados con la literatura y el arte de la región amazónica: el amazofuturismo y el futurismo indígena. Con esto esperamos hacer crecer la visibilidad de estos dos movimientos interrelacionados, para enriquecer así la diversidad en el mundo del arte y contribuir a una apertura a las cosmologías y visiones de mundo que existen por fuera de los imaginarios occidentales [1].

Para lograrlo, empecemos primero con algunas definiciones. Primero, el amazofuturismo es un subgénero de la ciencia ficción en el que la región de la Amazonia es representada de una forma más positiva, usualmente con una estética similar a las del ciberpunk y el solarpunk. El futurismo indígena, por su parte, dentro del contexto textual amplio de la ciencia ficción, se enfoca en visiones de mundo indígenas y, al hacerlo, desafía arraigados supuestos colonialistas sobre las poblaciones indígenas. Idealmente, el futurismo indígena es creado por personas indígenas. Finalmente, la ciencia ficción brasilera, que es el más amplio de estos tres términos, es simplemente ciencia ficción hecha en Brasil. Esta no representa necesariamente la región amazónica ni a las poblaciones indígenas y, cuando lo hace, puede hacerlo tanto de manera positiva como negativa [2]. Ahora expandamos un poco estas definiciones.

Mary Elizabeth Ginway (2015) afirma que la Amazonia fue mayormente usada como escenario en la ciencia ficción brasilera en dos momentos clave. El primero fue “durante el gobierno autoritario de Getúlio Vargas (1930-1945); el segundo fue después de los intentos de modernización y cambio tecnológico que duraron décadas y que fueron impuestos por el gobierno militar, entre 1964 y 1985” (Ginway 1). Para Ginway, el primer momento está lleno de narraciones de aventuras (muy similares a los Viajes extraordinarios de Jules Verne), mientras que el segundo refleja más de cerca la historia del Brasil y toma un giro distópico. Ahora estamos viviendo un tercer momento: el amazofuturismo, un nuevo movimiento que ha ganado una gran relevancia mediante el trabajo artístico de João Queiroz [3]. Si bien el amazofuturismo también es crítico frente al gobierno autoritario y la explotación económica y ecológica, en general resulta menos pesimista y retrata una Amazonia que mezcla aspectos positivos y negativos. De la manera en que lo entendemos aquí, el amazofuturismo puede incorporar, aunque no lo hace siempre, experiencias, perspectivas y epistemologías indígenas. Se puede afirmar que, para que una producción artística realmente cuente como futurismo indígena, debe ser hecha por personas indígenas, mientras que el amazofuturismo no necesariamente debe cumplir con este criterio.

Por su parte, futurismo indígena es un término bastante amplio, popularizado por Grace L. Dillon. Se refiere principalmente a creaciones artísticas y literarias realizadas por personas indígenas, que expresan perspectivas y epistemologías indígenas, y/o que se centran en la experiencia indígena. Estos trabajos incluyen la ciencia ficción indígena; para Dillon, este es un movimiento que está transformando todo el perímetro de la ciencia ficción y, en consecuencia, también la manera en que se definen las posibilidades de la ciencia ficción. Dillon sostiene que los escritores de futurismo indígena, liberados de las formas de ficción realista que “los autores nativos ‘serios’ supuestamente deben escribir”, pueden jugar y experimentar, y pueden extender los límites (Dillon 3). Estos autores pueden “volver a incluir la ciencia indígena” para explorar cómo esta “no solo es complementaria con respecto a lo que se ve como la ilustración occidental, sino que es integral a una sensibilidad refinada propia del siglo XXI” (Dillon 3). La noción de que la ciencia indígena es integral a este siglo puede parecer una obviedad para algunos. Sin embargo, es un punto importante que se debe señalar: hay prejuicios extendidos que asocian a las poblaciones indígenas con el pasado y se rehúsan a verlas en el futuro. Estos prejuicios usualmente también le niegan al conocimiento tradicional indígena cualquier estatus de ‘científico’ o ‘tecnológico’, y niegan la validez de la epistemología indígena. De esta forma, la ciencia ficción indígena no podría existir. Pero existe, y es una parte de enorme importancia en el futurismo indígena.

Después tenemos la ciencia ficción brasilera. En términos generales, la ciencia ficción es usualmente vista como un género que tiene una conexión especial con el futuro, en el que la ciencia y la tecnología tienen normalmente un papel importante. Dicho esto, se debe añadir que este es un término que nunca ha sido definido satisfactoriamente, a pesar de que las definiciones propuestas siguen estimulando conversaciones interesantes. Ficción especulativa es un término normalmente usado como generalidad, e incluye a la ciencia ficción y también géneros como la fantasía, el horror, el realismo mágico, etc. En una revisión más detenida, sin embargo, la distinción entre ciencia ficción y ficción especulativa no es clara, y el significado de ‘ciencia’ en ‘ciencia ficción’ no es muy evidente. No toda la ciencia ficción es realmente sobre ciencia y tecnología. Además, la ciencia y la tecnología pueden ser asuntos importantes en la fantasía, el horror, el realismo mágico, etc.

La definición clásica de ciencia ficción de Darko Suvin puede ser útil acá. Definir ciencia ficción como Suvin lo hace, por la “presencia e interacción de extrañamiento y cognición, y cuyo recurso formal principal es un contexto imaginario alternativo al del ambiente empírico del autor” (Suvin 20), permite una importante diversidad de visiones de mundo. Suvin no piensa que toda forma de literatura o arte que usa lo extraño es ciencia ficción. La ciencia ficción tiene que ver con el extrañamiento en interacción con lo cognitivo. Esto significa que, para Suvin, la ciencia ficción implica desviaciones de la realidad que nos permiten criticar la manera en que vivimos nuestras vidas en cualquier momento dado. Un extrañamiento cognitivo como este (es decir, desviaciones de la realidad que generan conocimiento sobre la realidad), puede estar relacionado con la ciencia y la tecnología, pero también con el cambio social, o con cualquier cosa que el escritor considere que se adapte a esta relación. Después de todo, la ciencia es una entre muchas formas consensuadas de percibir y categorizar el mundo.

Algunos han encontrado insatisfactoria la definición clásica de Suvin, ya que esta usualmente parece dejar por fuera cosas que claramente parecen ser ciencia ficción, y al mismo tiempo incluye cosas que no lo parecen. Pero quizás lo que hace que la definición sea perdurable es la manera en que desafía la complacencia relacionada con las formas de conocimiento consideradas valiosas, y con la manera en que ellas reciben su valoración. Allí hay una resonancia con el futurismo indígena. El futurismo indígena también nos pide que examinemos críticamente las creencias, actitudes, métodos, conceptos, y el lenguaje que es designado como ‘científico’ y/o valorizado como riguroso, objetivo, empírico, basado en evidencia, superior, y otros criterios por el estilo. Si algunas visiones de mundo que se consideran a sí mismas como ‘científicas’ han estado profundamente implicadas en racismo, colonialismo, genocidio, ecocidio, entonces, con seguridad, debemos repensar qué es lo que consideramos ciencia y/o reconsiderar el valor que esta tiene. Como han señalado Antonio Negri y Michael Hardt (2005), es en nombre del “progreso científico” que el conocimiento indígena fue y sigue siendo constantemente robado. Los ejemplos son diversos: tenemos el Curare, un veneno usado por diferentes grupos indígenas amazónicos, que fue patentado primero como Intocostrin; o la sangre Yanomami, usada por James Neel y Napoleon Chagnon; y el conocimiento botánico Uru-eu-wau-wau, mencionado por Laurie Anne Whitt (1998) [4]. Pero lo que está aquí en juego no es solo la defensa del conocimiento indígena que se hace al reclamar patentes o compensaciones monetarias. También se trata de replantear lo que se considera ciencia, al remover y reimaginar los conceptos vitales que subyacen a esta noción, conceptos como ‘objetividad’, ‘experimento’, ‘neutralidad’, ‘prejuicio’, etc. En otras palabras, integrar el conocimiento indígena con la tradición científica occidental requiere que repensemos no solo el contenido, sino también la forma de la ciencia.

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Mi pobre angelita ha muerto: in memoriam Dakota Skye

«Felizmente, con aquella manera consciente que era la suya y que a cada paso se interrumpía para reflexionar en alta voz sobre lo que decía y cómo lo decía. «

Werner Jaeger. Paideia. «Los ideales de la cultura griega». Libro IV. Pág. 69.

 

Dakota live matter

El día que Dakota conoció al Papa Pacho, le llevó un par de sus mejores herramientas: unas tangas y su ano. Las tangas identificaban la escudería de su equipo: las acróbatas anales. El Papa Pacho se preguntó cuál sería el sonido de las ventosidades que podían emanar de un culo tan abierto.

¿Acaso sonarían como la tempestad de Cristo y sus pescadores?

Pero no nos interesa el episodio episcopal, esto solo es anecdótico y muestra de la gran influencia de Dakota para su generación y las anteriores. Podemos decir que esta chiquilla del siglo XXI fue la última bestia del siglo XX.

Recordamos con cierta atmósfera de melancolía, aquel remake de Mi Pobre Angelito. Ella interpretó en versión femenina el papel de  Macaulay Culkin . Pero ella fue tan grande que ni siquiera Sonic Youth le interpretó una canción. Y baste aclarar que la ejecución de Dakota tiene tintes extraordinarias, pues a diferencia de mi pobre angelito, ella golpea a los dos ladrones para después cogérselos. Una vuelta de tuerca que ni Henry James pudo materializar en sus narraciones.

Evocamos el momento en que Dakota se pone en el regazo de uno de los ladrones acostada como un bebé, mientras el otro introduce su hercúleo vergo en la vulva de la chiquilla y esta avisa con un fenomenal dolor que se está viniendo:

El que la arrulla es como su papi:

Mi pobre angelita se acerca más que nunca al himeneo de los dioses griegos para con los humanos.

Ver aquí: performance navideño.

Artista del diálogo, ella también creó su propia fraseología por la que será recordada por los siglos:

– Oh, hola. Me gusta mucho chuparte la verga.

– No puedo esperar a que te vengas en mi culo.

– En realidad, la humanidad ni se asoma al ocaso de los dioses.

– Mi corazón es una tarántula y yo expelo las toxinas del fentanilo.

Feliz muerte, Dakota.

Entraste al club de los 27 por la puerta de atrás, sin rebajarte a la gloria sino en las cimas de la indigencia.

Tu crimen que quita el sueño a más de un detective de poca monta de Hollywood no me dejará dormir esta noche tampoco y buscaré la clave en los hilos de las tangas. Amén.

UN TOUR DE FORCE POR LA GALERÍA DEL HORROR DIARIO: CREATURAS DISTÓPICAS

EXPOSICIÓN COLECTIVA 

Creaturas Distópicas

 

 

CREATURAS DISTÓPICAS

UN TOUR DE FORCE POR LA GALERÍA DEL HORROR DIARIO

 

Obra de Cristian Socha

Es difícil respirar. La asfixia también se apodera de las visiones de una ciudad que duerme en medio del temor. Todo lo que se tiene por un instante es el tiempo. El tiempo y una despensa que funciona como provisión de guerra a la expectativa de que el aire se limpie. El turno de espera para  los privilegiados que serán vacunados es tan largo como el de Bettlejuice.

En medio del letargo, con el poder de ver a través de la luz oscura de los tiempos, despiertan los monstruos, sus creaturas, la pesadilla de quienes quisieran que nada se rompiera en las inmediaciones de sus castillos de cristal.  La distopía de unos es la utopía de otros.

 Veo abstracciones que no comprendo, giros y mutaciones que emergen de los sentimientos más crudos de almas que se resisten a la esclavitud clamando porque su vida regrese. Alimañas del subconsciente arañan las paredes del silencio. MATÉNME AHORA O NUNCA. Quisieron ser los ofensores: los que se resistieron a la pesadilla de bioseguridad; aquellos que como formas propias de la corrupción ahora atacan a quienes bebieron de sus tanques radioactivos.

Es el fin del concepto de distopía como marca comercial de bestsellers  y modelo narrativo efectista de Hollywood, para asimilar los gritos no expresados de bocas selladas por telas quirúrgicas. El vómito pútrido de artes no bellas para tiempos no justos. Creaturas Distópicas en fracciones reptando por paredes. Salieron de los tanques de la impunidad directo a sus mentes frías para corroer lo corrupto.

 

MUERTE,  TIEMPO Y ARTE. MUERTE AL TIEMPO DEL ARTE. TIEMPO PARA EL ARTE DE MUERTE. ARTE DEL TIEMPO MUERTO.

Texto: Luis Sars-meño

El Apocalipsis de Mott

Creaturas distópicas son:

Angie Da Vega – Michelle Rodríguez – Mateo Villareal (Mott) – Eduardo Vásquez, Cristian Socha – Daniela Prieto – Jairo Martínez Cediel – Adrián Gómez – Nicolás Perdomo – Valentina Pomés – David Barrero – Felipe Lozano – Manuel Barón – Mario Alejandro Prieto – Luisa Torres- Jahirton Betín – Camilo Francesco Vergolini – Frankzine – Andrés Mauricio Rojas Rojas- Alejandra Urrego – Elvira Rico – Andrés Suárez – Jean Paul Silver – Sergio Galvis – Óscar Emilio Ángel – Óscar Fagua.

Curadores sin cura :  Luis Cermeño – Juan Pablo Plata – Mario Neuta.

 

INAUGURA: 19 y 20 de Junio del 2021. Desde las 11:00 AM.
La exposición estará abierta de lunes a domingo del 19 de Junio al 19 de julio.
En la galería Casa San Felipe. Cll 75 #22 – 40.
Estación cercana Cll 76 con Caracas.

 

 

RESCATE SABANERO: crónica a Lorenzo Balta, por Umberto Amaya L

Lorenzo Balta es un célebre cantautor araucano que atraviesa una crisis financiera como de salud. Razón por la que algunos escritores, en cabeza  de Pedro Parales, llevan a cabo una campaña para darle una mano al «Viejo Zorro» de la canción llanera.

Apoyando la causa, compartimos una crónica de Umberto Amaya sobre este artista.

RESCATE SABANERO:

Umberto Amaya Luzardo.

La tarde que Lorenzo Balta perdió el ojo izquierdo, sintió una pena tan honda, que ensilló su caballo y se fue al monte dispuesto a que nadie lo viera. Se puso tan arisco, que regresaba al rancho bien entrada la noche y antes de que amaneciera, en lo oscuro todavía, ponía el pié en el estribo y arrancaba de nuevo —para no darle la cara al mundo— Era en ese entonces, un mocetón nacido en el fundo —Los Caballos— que se había ganado una beca y soñaba con ser piloto de vuelos internacionales, pero la viejita donde se alojaba en Arauca, decidió que mejor debería ser cura, y lo mandaron entonces para Yarumal Antioquia, a que estudiara en el seminario de La Paja.
Pasando vacaciones en el fundo de su mamá, le llegó el accidente que le cambió la vida y llevando muchos días escondido en el monte, una mañana que se bajó los pantalones para hacer las necesidades, de pronto se vio rodeado por una manada de araguatos (monos aulladores) y el líder de ellos, que era un mono viejo, se le acercaba, le mostraba los dientes y después agarraba una mona y la penetraba; se le volvía a acercar, le mostraba de nuevo los dientes, agarraba otra mona y hacía lo mismo. Como lo tuvo tan cerca, Balta se dio cuenta que el mono era tuerto y pensó —Si este carajo con todo lo tuerto es rey, yo…, hoy mismo le voy arrimar el caballo a La Pluma.
—La Pluma— era una muchacha que tenía fama en todo el caserío, por lo bonita, por lo liviana en el trato y porque con sus coplas enmudecía a muchos. Balta, se puso entonces la mejor ropa, se dirigió hasta la casa de la muchacha, se compró una botella de aguardiente y empezó a brindarle aguardiente a ella y a las hermanas, hasta que se prendió la fiesta; y al otro día al amanecer (aunque en secreto), ya eran novios.
De ahí en adelante todo fue como pelar una mandarina, al poco tiempo se presentó en el Festival del —Rescate Sabanero— que se realizó en la vereda Clarinetero, y obtuvo el primer puesto con una composición de Luis Alberto Caroprese —La vaca Aceituna— Caroprese, es su patrón, su amigo y su mecenas y, un día le dijo —Te voy a dar un regalo.
¿Qué es? le preguntó Balta, y el otro le dijo que le regalaba la plata para que grabara su primer disco con la condición que mencionara su caballo —Lucero— un caballo que tenía una mancha blanca en la frente y que también mencionara a su novia —pero con disimulo— Entonces, el negro Balta, sin bajarse del caballo, empezó a escribir su primera composición —Ella, mi caballo y yo— una composición que tuvo mucho éxito porque se le ocurrió mencionar unos cuantos coleadores y los coleadores en ese tiempo no eran temas de canciones. Su segunda canción —Un regalo para ti— fue un homenaje a Inocencia Balta, su mamá.
No es necesario en esta nota aclarar cómo se hizo cantante Lorenzo Balta, porque en el llano el canto es un deporte y también una faena diaria. Desde la cuna se tiene canción, en el trabajo de pastoreo y las sendas del amor, el llanero galopa la vida por los caminos del canto, hasta quedar sin canto y sin corazón. Llega el dolor, viene el olvido, y la esperanza del perdido renace, y otra ilusión halla camino de amor, halla camino de cuna y halla canción.
En el llano-llano los cantantes son los caballiceros, el mensual de hato, el encargado, el que siembra la yuca y limpia el platanal, los canoeros y los trabajadores de llano, que viven orgullosos de su llanura y de los oficios humildes que en ella desempeñan. Entonces, en esta nota me preocupé más por contar la vida de este cantante que después grabar once C.D. y de recorrer por más de veinticinco años innumerables tarimas, no deja de ser lo que es: un llanero sencillo.
Y fue tan humilde su vida que a los dos años, su mamá para poder trabajar de cocinera en un hato de Casanare, tuvo que dejarlo al cuidado de sus abuelos y ellos a los diez años lo mandaron donde una señora en Arauca, para que estudiara, y era tan pobre la viejita, que al medio día cuando terminaban las clases, Lorenzo se iba al monte a cortar leña para venderla y así conseguir la comida de ambos. Y era tanta la pobrecía regada por todas partes, que en la primera oportunidad que tuvo para estar con una mujer, cuando se quitó los pantalones, ella se quedó mirándole los pantaloncillos llenos de remiendos y de huecos diminutos y le dio tanta lástima, que se los quitó, se los rompió, se fue a la tienda y le compró unos nuevos.
Hoy viernes 27 de octubre, mientras preparo esta nota, en un restaurante de Bogotá: “Mi Viejo Cuatro Llanero”, diecisiete cantantes criollos se preparan para rendirle un homenaje a este “viejo zorro” de la canta llanera.

 

Demetria la pescadora. Por Herberth Morales

Fuente: J de J Zamora, “A propósito de un caso de dermatitis poliforma dolorosa Crónica recidivante” Archivos del
Hospital Rosales, n.º 104-106 (1916): 687.

 

Su cuerpo desnudo posó frente a la cámara. Las rodillas levemente flexionadas formaban parte de toda una estructura escuálida que tenía por cuerpo. Quizá el cabello recogido y el entrecejo escasamente fruncido acompañaban a unos ojos que miraron fijo a la cámara. Ese cuerpo con costillas superiores y clavícula pronunciada fueron la muestra para llegar a decir que su constitución era «enflaquecida»[1]. La piel de este cuerpo parecía un reptil con escamas amarillentas y grisáceas, manchas a consecuencia de las pústulas, arrugas en los miembros inferiores y erupciones cutáneas en múltiples partes. Ese cuerpo escuálido y lleno de erupciones se sobreponía en el primer plano de la fotografía para dejar en un segundo a una de las paredes del principal nosocomio de El Salvador, el hospital Rosales, ubicado en la ciudad capital y fundado en 1902[2].

El joven practicante de medicina, que utilizó esta imagen de un cuerpo enfermo para su reporte clínico, era de apellido Zamora. En él se despertó un interés por este caso al grado de estudiar dermatología, dada la rareza de la enfermedad[3]. Además de la fotografía del cuerpo enfermo, en el reporte clínico de Zamora aparece la voz de la persona enferma, pero de una manera indirecta: ella era una paciente salvadoreña que asistió al hospital Rosales en 1915.

Volvamos al cuerpo en la fotografía. Está enflaquecido y con erupciones en la piel y pertenece a una mujer que se llamó «Demetria Abarca, de 29 años de edad»[4], dedicada a la molienda y elaboración de puros. Su extraña enfermedad de la piel inició en septiembre de 1914, pero fue hasta el primero de noviembre de 1915 que Demetria decidió ingresar al hospital Rosales para ser tratada por un médico; prácticamente había transcurrido catorce meses en su casa sin ninguna asistencia médica.

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LOS PSICÓPATAS SON HIJOS DE LA GUERRA- FRANCESCO VITOLA R

 

 

 

Francesco Vitola Rognini  nos trae una serie de artículos que versan sobre libros, películas o videojuegos. Estos están articulados al proyecto Vademécum (investigaciones sobre literatura y ciencias sociales) que desarrollará de aquí al 2025. Las reseñas estarán agrupadas bajo el título “Entre líneas”. 

 


 

Fragmento:

Si los conflictos armados, la impunidad del sistema judicial, la inoperancia de las autoridades, y el silencio mediático, favorecen y estimulan a las nuevas generaciones de psicópatas, ¿por qué en países como Colombia, donde son secuestradas, torturadas, violadas, decapitadas y masacradas decenas de personas diariamente, no se hace seguimiento a esos casos particularmente macabros, y en apariencia secuenciales o sistemáticos? Quizás solo conoceremos este aspecto la realidad colombiana cuando Netflix decida investigar, ya que gracias a sus documentales y dramas es posible entender la arquitectura mental de estos individuos anómalos:

PUEDES LEER EL ARTÍCULO O DESCARGARLO HACIENDO CLICK EN LA IMAGEN: 

 

 

Los psicópatas son hijos de la guerra